viernes, 17 de febrero de 2017

Renovación Carismática Católica en el Espíritu Santo




            El Movimiento de la Renovación Carismática en el Espíritu Santo, en la Vida de la Iglesia, cierto es que al Espíritu Santo no le podemos tener encasillado ni manipular su Acción a Formulismos. Y cierto y capital es también que el Espíritu Santo es un Dios de Orden, es el Amor Consubstancial del Padre y del Hijo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.

Todo Don y Carisma es para santificación personal, pero también para edificación de la Comunidad, el Espíritu Santo actúa de manera diversa en la Vida Eclesial, desde la Sagrada Liturgia hasta la misma piedad de los fieles. Más aún, si la piedad y lo que creemos que es en nosotros la Acción del Espíritu Santo no nos lleva a la perfección de la Vida Cristiana y Litúrgica de la Iglesia, mucho hay que dudar que realmente sea la Acción de Dios Espíritu Santo la que nos mueva.

El Movimiento de la Renovación Carismática Católica (RCC), verdaderamente es suscitado por el Espíritu Santo, con una particularidad que envuelve a toda la Iglesia desde las Primitivas Comunidades Cristianas, que verdaderamente vivían la experiencia del Don del Espíritu de manera palpable, sin excluir los carismas extraordinarios, más por encima de ellos, vivían la plenitud de la caridad cristiana al prójimo, abiertos a las necesidades de los hermanos y a la vivencia de la Vida Litúrgica en el Banquete Eucarístico, y esa misma Efusión del Espíritu Santo, era palpable al sublime momento del martirio, donde jubilosos entonaban alabanzas a Dios por ese Don del Espíritu de testimoniar con su Sangre, su fidelidad a Cristo.

Quien sino solo el Espíritu Santo, puede mover los corazones, más allá de lo extraordinario, en lo ordinario de lo escondido y oculto a los ojos. Dios nos concede dones ordinarios, para volverlos extraordinarios y heroicos en el servicio al prójimo, haciendo todo con Santo Temor. El Carisma Extraordinario, es una cualidad que Dios concede a las almas para continuar de manera más comprometida su Misión en la Obra de la Salvación, no para hacer alarde de ellos, ni para uso egoísta. Todo Don y Carisma Extraordinario es fruto de la Vivencia de los 7 Dones del Espíritu Santo, o el esfuerzo de encarnarlos, sin ellos, cualquier Carisma Extraordinario, poco puede hacer, aunque es cierto, que Dios puede hacer lo que él quiere y cuando él lo quiere.

Cuándo vivimos verdaderamente el esfuerzo de la Sabiduría, la Inteligencia, el Consejo, la Fortaleza, la Ciencia, la Piedad y el Santo Temor, vienen a nosotros verdaderos frutos de santidad: El amor, la alegría, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la humildad y el dominio propio. Esos son los dones preciosos a los que todo cristiano debe aspirar y clamar con intensidad y fe al Espíritu Paráclito para que los conceda al alma. No podemos aspirar a carismas más elevados y preciosos si antes no hemos degustado de los Dones qué Dios verdaderamente quiere nutrirnos a cada uno. Como enseña la Escritura, viviendo todo lo que Dios nos manda, todo lo demás vendrá por añadidura.


El Movimiento de la Renovación Carismática, cierto es que una Nueva Efusión de Pentecostés, donde se deja actuar con mayor libertad al Espíritu Santo, pero también se corre capitalmente el riesgo de convertir el Movimiento en una cuna de abusos litúrgicos y teológicos importantísimos y que más que ayudar al fortalecimiento de la Fe, acaban por desvirtuarla, dándole más pie a tal o cual carisma, a tal o cual alabanza, al sentir bonito, pero sin un verdadero crecimiento espiritual. Terminando por ser campanas huecas que solo gritan y alaban, pero que no lo llevan más allá a donde el Espíritu Santo anhela llevarlos. Quedarse solo con la Gracia del Carisma recibido, pero no profundizar en lo que él lleva detrás de sí.

Se usa muchas veces el carisma para llamar la atención y solo de manera externa a diferencia de aquello para que el Señor lo ha concedido. Pablo en su Carta a los Corintios es sumamente estricto en ello (1 Co., 14), exhorta el Apóstol a buscar dones más excelentes que verdaderamente edifiquen no solo en lo personal sino en lo comunitario, y denuncia los malos usos y abusos de los Dones Carismáticos. Abusos que hoy día también es necesario purificar. El Movimiento de Renovación Carismática no es malo en su misma esencia, más sin embargo, los malos usos y abusos en las Asambleas, hacen ver de manera mala al Movimiento. Cuya esencia, sabiéndola llevar con el Orden del Espíritu Santo, alcanza la belleza del Carisma dado por el Señor.


Alabar a Dios, si con los labios, pues si profesamos, como enseña San Pablo, con los labios que Jesús es el Señor, seremos salvos (Rom. 10, 9), más si solo lo dejamos a la alabanza bocal sin llevarla a la alabanza contemplativa de la vida misma en la caridad, es alabanza muerta. Pues debemos ser adoradores en espíritu y en verdad (Jn. 4, 23).En la vivencia de las virtudes, especialmente de la Caridad que Dios nos tiene y que debemos hacer llegar a los demás. Ese es el verdadero sentido de la Renovación en el Espíritu Santo, vivir la Caridad de Dios.

No solo debe ser relegada la Acción del Espíritu Santo a un Movimiento, sino a la Iglesia misma, que clama y llama a una verdadera renovación. La polémica del Movimiento radica en ser verdaderamente abiertos a la Acción del Espíritu Santo, pero siempre desde el orden, no en los gritos, y en las caídas, que si bien son acción sensible de Dios, no podemos limitar la Presencia del Consolador solo a sensible, sino a la acción misma en nuestra vida. Y Preguntarnos, ¿realmente estoy siendo puerta abierta para que el Espíritu Santo se pose sobre mí? Independientemente de los Carismas y Dones Extraordinarios, sino de la verdadera caridad y los Dones y Frutos que hemos recibido desde el Bautismo, y que no hemos explotado al máximo, pues no podemos aspirar a los Dones Extraordinarios, sino vivimos antes los Dones Bautismales.

Celebramos las Bodas de Oro, por los 50 Años de la Institución del Movimiento de la Renovación Carismática Católica en el Espíritu Santo, y bueno es recordar que todo Fruto bueno del árbol se da siempre dentro de la Iglesia. Siempre en comunión de las ramas con el tronco. Aun cuando se llegue a afirmar que los protestantes tienen la Unción del Espíritu Santo, cierto es que ninguna rama separada del tronco puede tener vida verdadera, pues el Don de poder otorgar al Espíritu Santo, está en la Potestad Apostólica confiada por Cristo a la Iglesia, es decir a los Apóstoles y sus Sucesores. Por excelencia, hemos recibido él Don del Espíritu Santo en el Bautismo y lo hemos tomado en plenitud en la Confirmación por la Imposición de Manos del Obispo. Las acciones sensibles, son solo caricias de Dios para confirmar a nuestra débil naturaleza lo que por la fe y la razón conocemos, más somos seres limitados y poco podemos entender, pero son regalos que Dios nos participa por pura Misericordia. El que no está en la Iglesia, desparrama los Dones Altísimos, pues por eso Cristo la ha Fundado como Sacramento de Salvación. Fuera de la Iglesia, es triste y fuerte afirmarlo, pero es una realidad, no sé puede poseer verdaderamente el Don del Espíritu Santo, y corre el riesgo de ser engañados del maligno, que también tiene la capacidad de vestirse de ángel de luz y engañar a las almas, pues odia y detesta toda la acción de Dios para salvar al Hombre.

Celebramos junto a Nuestros Hermanos de la Renovación Carismática estos 50 Años de Fundación, y pedimos a Dios, que purifique esta Obra para que sea Fruto de verdadera Santidad en la Iglesia, a impulsos del Espíritu Santo.


Mauricio Parra Solís
Esclavo del Inmaculado Corazón de María

            Mexicali, B.C., 16 de Febrero de 2017. Año Jubilar por el Centenario de las Apariciones de Nuestra Señora en Fátima.






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