viernes, 10 de febrero de 2017

Carta Sres. Obispos de Vic y Barcerlona

Escudo del Arzobispo de Barcelona


Estimados Lectores:

             El sábado 04 de Febrero pasado, me he tomado el atrevimiento de escribir una epístola a Sus Excelencias Reverendísimas, el Señor Arzobispo de Barcelona y al Señor Obispo de la Diócesis de Vic, en España sobre la Pseudo Monja Dominica Lucía Caram, que ha hablado Herejía en contra del Dogma de la Virginidad de María Santísima. 

              Aquí les transcribo íntegra la carta que les envié a Sus Excelencias por medio de los correos electrónicos de sus respectivas Secretarías Episcopales. Carta de la cual, hoy viernes 10 de Febrero he tenido bien una Respuesta de la Secretaría del Arzobispado de Barcelona, donde me adjuntan la Declaración ya conocida del Excelentísimo Señor Obispo de Vic y una carta Publicada en un Semanario Católico que ha escrito esta Pseudo Monja Caram... 

                  Es una situación abiertamente triste, ver la tibieza, casi frialdad de nuestros Pastores, de aquellos que su Obligación es darnos la Fe Verdadera, íntegra y Sana de la Doctrina Católica, ver que poco o nada son capaces de actuar. Nos sometemos como fieles hijos de nuestra Santa Madre la Iglesia a nuestros Padres Episcopales, más también, es caridad necesaria recordarles a ellos que deben hacer valer por Amor a Jesucristo, su Ministerio, y a temer mas el Juicio de Dios que el de los hombres.

                       Triste es ver que se les olvida, y es cuando hay que orar con más fuerza al Espíritu Santo para les conceda Fortaleza para defender la Verdad.  Pelar las rodillas en el reclinatorio del Sagrario para pedir por la Iglesia, por los Obispos, El Santo Padre y los Sacerdotes y Consagrados...  

                        Aquí les dejo la imagen de la respuesta que me han dado. Nada nuevo de lo que ya conocemos.


                                No nos cansemos de orar por ellos y por la Iglesia, en esta crisis que estamos pasando. Una sencilla palabra... Oremos.



Mauricio Parra Solís
Administrador.

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Mexicali, B.C., México, 04 de Febrero de 2017
Año Jubilar del Centenario de las Apariciones
de la Madre de Dios en Fátima


                   Su Excelencia Reverendísima
                  Mons. Juan José Omella
                  Arzobispo Metropolitano de Barcelona

                  Su Excelencia Reverendísima
                 Mons. Romá Casanova
                 Obispo Diocesano de Vic
                                  
                  P R E S E N T E S. –

                                    Reverendísimos Padres en Nuestro Señor:

         Reciban por estas humildes letras un cordial saludo, pidiendo a Nuestro Señor Jesucristo Buen Pastor, por Intercesión del Purísimo Corazón de María, les bendiga abundantemente y les conceda abundantemente la Luz del Espíritu Santo para cumplir fielmente la encomienda de Guiar y sostener al Pueblo de Dios de Barcelona y Vic, hacia la Salvación y la instauración del Reinado Social de Cristo.

               Les suscribe estas letras, Mauricio Parra Solís, soy un joven de 25 años de la Diócesis Mexicana de Mexicali, en la Provincia Eclesiástica de Baja California. Soy un laico comprometido en mi Parroquia bajo el Patrocinio del Espíritu Santo. Encargado del Apostolado de Reparación y Consagración al Inmaculado Corazón de María.

             El motivo por el cual suscribo esta carta a Vuestras Excelencias, es sobre el penoso y doloroso caso de Sor Lucía Caram, O.P., que recientemente ha sido motivo de escándalo a nivel mundial y motivo de escarnio a lo más Sagrado de Nuestra Iglesia, como lo ha sido atentar al preciado Dogma de la Virginidad Perpetua de Nuestra Madre Santísima y hacia la memoria de nuestro Padre y Señor San José. Triste es que por medio de estas declaraciones en un medio secular y que poco edifica, una hermana con el Santo Hábito impuesto, suba a decir afirmaciones, no inspiradas de Dios, sino del mismo demonio.

            De la misma manera, tantas aberraciones como ha hecho a lo largo de su carrera social, al estar a favor del pecado de Aborto, blasfemando muchísimas veces contra la Autoridad de la Iglesia, al afirmar que ni la Iglesia ni Dios pueden meterse en esa decisión…. Cuando sabemos por lo mandado en el Código de Derecho Canónico esa postura es Excomunión Automática, lo mismo que atentar contra los Dogmas. Como laico no pretendo saber más que Vuestras Excelencias, más sin embargo es algo que todo laico aun con poca preparación tiene conocimiento.

         Vuestras Excelencias, como Pastores del Pueblo de Dios corresponde tomar acción efectiva al respecto, lo cual también corresponde a la Orden Dominica, pues una monja de esta naturaleza más ayuda a condenar a las almas que a salvarlas. Mucho alarde realiza de una obra asistencial social que ha terminado por alejarse de la Verdad de la Fe Santa y Católica de la Iglesia. Triste es y demasiado, ver que nuestros Padres Episcopales no presten atención a lo verdaderamente importante y se siga solapando estas altas traiciones a nuestra Fe. Cuando esta hermana nuestra deshonra el Santo Hábito que osa portar.

       Venerables Padres míos, sépanse que de lo tibios y poco que hagan por hacer resplandecer la verdad de la Fe, Nuestro Divino Maestro os pedirá rigurosa cuenta, más nos vale defenderle aquí en la tierra vosotros que tenéis Autoridad, que llorar y clamar en el juicio y siendo sofocados por las llamas del infierno.

            Sin más que agregar, quedo de ustedes servidor e hijo en nuestro Señor, que de rodillas besa a cada una de Vuestras Excelencias el Anillo Pastoral y suplica de cada uno su más Paternal Bendición Apostólica.

Mauricio Parra Solís
Esclavo del Inmaculado Corazón de María.

viernes, 3 de febrero de 2017

Carta Abierta a Lucía Caram


“Errar es humano…
perseverar en el error es diabólico”
San Agustín de Hipona

            Estimada Señora Lucía Caram:

            Triste es su actitud hacia el Magisterio de la Iglesia a la que usted dice pertenecer. Negando abiertamente las Verdades que desde siempre la Iglesia y la misma Palabra de Dios nos ha enseñado. Y más triste es aún, comprobar su inmensa soberbia en todo lo que ha proferido, sin siquiera mostrar humildad y penitencia en su actuar.

            Yo, como laico comprometido quisiera preguntarle: ¿Es usted acaso más autoridad que el Santo Padre y los Sagrados Concilios? ¿Es usted acaso doctora de la Iglesia? ¿Con que autoridad se atreve a replantear cuestiones que no le corresponden?

            Desafía abiertamente todo lo sagrado, y cada vez se aparta más de la Fe de la Iglesia, deshonrando abiertamente el Hábito que usa de la Orden de Santo Domingo de Guzmán, quién profeso inmenso amor a la Madre de Dios, Siempre Virgen, antes, durante y después del parto, por cuyos méritos de Nuestro Señor fue preservada con singular regalo.

            Triste es que su actitud y su falta de fe no es iluminada sino por Satanás, quien es enemigo de la Madre de Dios desde el comienzo. No solo al ofenderle, sino al confundir la Fe de tantos hermanos en la Fe. Y que viene arrastrando sin penitencia alguna, y más sabido también, su demoniaca postura ante el Aborto, que tristemente apoya al decir que ni la Iglesia ni siquiera Dios mismo tiene autoridad para meterse…. ¿es usted Dios acaso? ¿Usted dio a Moisés las tablas de la Ley para cambiarla como su antojo imagina? Bien conoce usted lo que marca el Derecho Canónico sobre la postura del Aborto y de negar los Dogmas Divinamente Revelados y marcados por la Autoridad de la Iglesia como obligación de creer, sino la EXCOMUNIÓN AUTOMATICA, puesto que usted ya no es miembro de la Iglesia.

            Y si no le nombre como nombre religioso de “Sor” es porque realmente le ha quedado grande la Consagración que muestra al portar el Santo Hábito de la Orden de Predicadores.

            Manifiesta abiertamente en su cuenta de twitter: “La Iglesia preocupada en virginidades mientras los niños se mueren de hambre”… es cierto su argumento en algún modo… y quisiera preguntarle: ¿Qué hace usted para remediar eso? ¿Por qué mejor no deja el Santo Hábito y se dedica a la asistencia social? Cierto es que haría  menos daño desde ese punto de vista que con sus declaraciones Heréticas y que nada tiene que ver con los Votos que ha Profesado y que supuestamente dice vivir en el “claustro del mundo”, cuando su Consagración como Religiosa exige permanecer en el Monasterio. Y quizá suenen fuertes mis palabras, más sin embargo son tan insignificantes que muchas otras que le han proferido y que usted bien conoce y tanto se queja, cuando usted misma ha sido la causante de tanta afrenta por insultar a nuestros Padres María Santísima y a Nuestro Señor San José.

            Sepa usted, que aun pese a tanto daño que usted ha causado, tiene lugar en mis oraciones, para que realmente la ilumine el Espíritu Santo, y encuentre redención su pensamiento, y sea expulsado el demonio que abiertamente le ilumina en tanta declaración desviada como profiere. Para que encuentre segura penitencia y vuelva la mirada a la Fe de la Iglesia y a lo que marca la Santa Regla de los Predicadores. Aun está a tiempo de enmendarse, y corregirse, antes que el Señor tome rigurosa cuenta de tanto mal que ha hecho, y cierto es que no soy nadie para juzgarla, más sin embargo, también por caridad hemos de hablar y corregir el error.

            Un útil consejo que le puedo dar y que Santo Domingo de Guzmán y del Glorioso Doctor de la Iglesia, Dominico también, Santo Tomás de Aquino, es que lea lo que el Magisterio nos enseña, la Suma Teológica, el Catecismo de la Iglesia Católica, que son verdaderas autoridades a la hora de hablar de la Iglesia, teniendo en vuestra Orden tantos ejemplos que usted ha hecho a un lado.

            Sinceramente.



Mauricio Parra Solís
Esclavo del Inmaculado Corazón de María


            Mexicali, B.C., México. 03 de Febrero de 2017. Memoria Litúrgica de San Blas, Obispo y Mártir. Año Jubilar del Centenario de las Apariciones de la Madre de Dios en Fátima.



jueves, 2 de febrero de 2017

Vida Religiosa Contemplativa en la Actualidad de la Iglesia

             

                   El Consagrado en la Vida de la Iglesia, es la médula espinal del cuerpo, el sostén espiritual más profundo de los cimientos. Por la oración de estos pocos, el mundo queda sostenido gradualmente, pues esta oración contante abre el cielo para dar paso a las Gracias y las Misericordias de Dios sobre el mundo entero. Es la Vida de perfección que une de manera más estrecha al Misterio inabarcable de Cristo Crucificado, de Cristo maniatado en la Columna y de Cristo descansando en el Sepulcro. Una vida constante de negación propia por el Reino de Dios, no solo como espera dulce y paciente del Cielo, sino buscando hacerlo participe en la vida del mundo contemporáneo, como fermento suave, dulce y silencioso que ha de brotar hasta convertirse en un arbusto firme y frondoso.

            La Vida Religiosa en su esencia misma, es mal interpretada como una vida de sufrimiento, de renuncia tal vez innecesaria para muchos cuyos pensamientos somos envueltos en las corrientes seculares del mundo, a quienes es triste y necesario decir, nos puede llegar a faltar amor por Dios y por nuestros hermanos, pues cuando se ama, se entiende en su totalidad esta heroica entrega de tantas almas que desde los Claustros de sus Monasterios, edifican al mundo en el Amor del Corazón de Jesús, y que se convierten en esas palomas bellísimas que buscan su nido en lo más dulce del Amado, compartiendo de él, sus dolores y sus angustias, para ser bálsamos de consuelo y alivio, pero también de una manera más perfecta, de sus alegrías al contemplar como por esta vida sacrificada y amorosa se salvan tantas almas.

Ustedes, que se han consagrado, viven el misterio de la Cruz de una manera ardiente y propia, conociendo lo que encierra el sentido “religioso” de atar, y ustedes permanecen atadas, atados, junto con Cristo en el Calvario, de tal manera que pueda también Él, continuar su Obra Redentora en el mundo por medio de ustedes, que se han atado como él, libre y voluntariamente a la Voluntad del Eterno Padre. Cristo Crucificado es un Misterio inabarcable desde la realidad y la pequeñez del pensamiento humano por sí solo, apartado del amor, de la conversión y de la entrega. Pero cuando contemplamos a Cristo llagado en nuestra propia miseria, también nos damos cuenta que ese mismo Cristo llagado, viene a sanar cada una de las heridas que cargamos de nuestras vidas, y nos hace participes, como dice el Evangelio, de ir y hacer lo mismo con nuestros hermanos. Nos crucificamos con Cristo, para ser fuentes inagotables de la Salvación de Cristo, para por medio de nuestras llagas, también sean conductos de fe, de esperanza y de caridad para atraer a todos hacia la Fuente Purísima de Gracia que sacia la sed de las naciones tan deshidratas de amor, de consuelo y de esperanza.

            Reflejo de Cristo maniatado en el Pretorio, porque de un modo místico siempre real y actual, la Vida Consagrada participa de la persecución misma de Su Señor, permitiendo la purificación cada vez más constante de su esencia, porque al contemplar al Crucificado, al traspasado, al que ha sido maniatado y hecho oprobio, podemos contemplar también como nosotros mismos sufrimos esa realidad, y quizá, en nuestra vida terrena y mundana, hemos sido participes de acrecentar ese dolor en nuestros hermanos, quizá de una manera negligente y hasta cierto modo inocente de nuestro proceder por ignorancia o sin darnos cuenta de ello, pero ahora, es una venda que se ha descubierto de nuestros ojos, para contemplar abiertamente las realidades nada ajenas de nuestra vida, que aun desde los Claustros, están llamados a rebatir y a trabajar porque esta situación del mundo termine, y sea extirpado de él, todo síntoma de injusticias, de inmoralidades y de falta de identidades propias que corresponden a quienes han sido ya rescatados de sus males. La Vida Consagrada permanece maniatada en los Claustros, no porque no puedan o tengan la libertad de salir, sino porque en su renuncia voluntaria, han decidido edificar al mundo de manera más perfecta que los que permanecen inmersos en él. Su pretorio es la Capilla, lugar Santo donde día a día se encuentran con Cristo, y su columna el reclinatorio donde permanecen en constante y amorosa oración para sostener al mundo entero, su flagelo, todo lo que abarca su vida comunitaria, el esfuerzo de su trabajo, el esfuerzo de amar y servir a sus Hermanas y Hermanos dentro de la casa y el servir con la palabra y la oración a quienes se acercan con confianza a ustedes, nosotros, los fieles que necesitamos ese sostén y esa oración.

            Permanecer en el Sepulcro junto con Cristo, es permanecer oculto al mundo, aun sabiendo que tal vez afuera podremos hacer aún más, pero para este estado de vida, esa es una tentación fortísima con la que muchas veces las almas consagradas tienen que luchar. Permanecer en el Sepulcro con Cristo, no es otra cosa que permanecer escondidos muy adentro de su Santísimo y Amante Corazón, teniendo en él nuestra mejor morada, que opaca infinitamente la morada terrena que puede ser el Monasterio o la Casa donde se viva. Permanecer siempre encerradas, encerrados con el amado, y aun cuando nuestras ocupaciones o nuestro descanso nos impidan permanecer en el reclinatorio, acompañando a nuestro Señor en el Santísimo Sacramento, que nuestro corazón permanezca encerrado en el Sagrario junto con Él, para que en cada latido, sea una alabanza perfecta y la mejor compañía que podamos darle cada momento. Ese es el Sepulcro agradable al Señor, que pongamos en Él, nuestras moradas, y que nuestro corazón también sea un sepulcro a todo aquello que nos aparta de Cristo, y donde por amor, tengamos aprisionado al Señor, donde a cada momento él sea quien resucite en nosotros para llenarnos de la Gloria de ser hijos, hijas amadas, amados del Padre por mediación de la Acción del Espíritu Santo en nosotros por medio de Cristo, el Señor.
          
  La Vida Consagrada participa de manera perfecta de la Vida de Jesús, en lo humano y lo Divino, más sin embargo, participa de manera más perfecta de la Pasión del Señor, mediante su muerte y su renuncia al mundo, a sus placeres propios y a sus comodidades humanas. De tal manera que pocos se atreven a decir “sí” a este plan tan hermoso de Salvación y de amor profundo inabarcable para la razón humana, donde queremos verlo egoístamente hacia mi conveniencia y mi propio interés personal. Pues se necesita una Obediencia heroica para cumplir este paso tan trascendental en la vida cristiana. Siendo modelo, no solo de Cristo, que es el modelo perfecto de toda consagración, pues la Vida Religiosa es Cristo céntrica, pero también de matiz mariana, pues como María Santísima, permanecemos siempre como Siervos y Siervas de Señor, atentos a su Palabra, presurosos y presurosas a Servirle, contemplativas, contemplativos en su Presencia, y amorosamente acompañándolo a los pies de la Cruz, enjugando, convirtiendo nuestras propias lágrimas, en bálsamo de consuelo para sus llagas y dolores. Si el Perfume de la Magdalena fue agradable al Señor, con cuanto más agrado atendió el Señor el perfume purísimo de las lágrimas de su Santísima Madre, y de ustedes que han sido llamados, llamadas y participar y ser ese mismo bálsamo precioso por su oración y Sacrificio. Si decimos que nuestra Consagración es permanecer muy en lo profundo del Corazón de Jesús, también es cierto que debemos de pasar por el Purísimo Corazón de María para poder encontrar en Jesús nuestra morada perfecta, pues María nos modela para que podamos ingresar sin problemas al nido eterno de donde encontraremos todo el bien y toda la felicidad que el mundo no puede darnos.

            Que no se pierda nuestra mirada en Cristo, esa es exigencia siempre presente y siempre necesaria de la Vida Consagrada, caminar detrás de Cristo que asciende hacia el Calvario para cumplir la Voluntad de Dios, los Votos Evangélicos no tienen ningún sentido si los alejamos de esto. Pues  ellos, son un “accesorio” que nos invitan a encarnar al Cristo del Evangelio, al Cristo sometido a la Voluntad del Padre, al Cristo que viene a salvarnos. Aun siendo de vivencia obligatoria, cuando les amamos, toda obligación pasa a segundo plano y entendemos la verdadera razón de vivirlos, de explotar al máximo lo que implica vivirlos. De la misma manera se aplica a quienes somos consagrados ya desde el bautismo, que también somos atados junto con Cristo, y que debemos, aún en el mundo, buscar hacer de nuestro corazón, un claustro agradable que sea de verdadero encuentro con el Señor, no solo por momentos breves de oración, sino a cada instante, a cada momento, en las periferias donde nos encontramos y nos desenvolvemos. Donde nuestro corazón, sea el Sagrario más perfecto donde desde ahí, Cristo ilumine y conforte a quienes se han alejado de él, que sea por nuestro medio, que pueda llegar a tantos corazones que le buscan y que tocan puertas falsas, que en lugar de acercarles, les alejan de su Presencia, de su Amor y de su Misericordia.

            Y a nosotros como fieles laicos comprometidos, también nos corresponde no criticar, ni mucho menos tratar de entender la Vocación Religiosa, aunque loable es que asá sea, entenderla desde el amor a Dios, sino también ser partícipes de esa misma consagración a los demás, gastarnos las rodillas para que el Espíritu Santo suscite cada vez más Vocaciones a la Vida Consagrada, hombres y mujeres capaces de responder a este plan de salvación abierto a todos los hombre, de orar por esos padres que al ver esta realidad en sus hijos, se cierran tendenciosamente a soltarlos por respetos y egoístas intereses humanos. Para que sean abiertos al plan de Dios, pero también por esos muchachos y muchachas que sintiendo el llamado en sus almas, son presas del miedo y de sus intereses personales, que ponen como un obstáculo para responder generosamente. Y preguntarnos también nosotros mismos… ¿Señor… me llamas a ser ese reflejo de amor desde la Consagración total de mi vida? ¿Puedo yo… consagrarme a Dios? Y ser capaces también de responder: “Señor, aquí estoy, vengo para cumplir tú Voluntad… ¿Qué quieres que yo haga?”.
          

            “Señor Jesús, que llamas a quienes quieres para trabajar por Ti y trabajar contigo, aumenta en nuestros corazones el deseo de encontrarte y el deseo de poder caminar hacia adelante sin miramientos ni miedos. Atentos para escuchar tus palabras de Vida Eterna y valerosos para levantarnos del confort en que vivimos y caminar hacia el encuentro de tu voluntad con fidelidad para cumplirla. Nos llamas a ser reflejos de tu acción en el mundo, a ser tus pies para llegar a los hermanos, para ser tus manos para sostener y levantar a los que han caído, para ser tus labios a quienes necesitan una palabra de consuelo, tus oídos para escuchar a quien necesita sanar sus corazones heridos por sus realidades y miserias humanas, pero muy especialmente para ser Tú Corazón, amando a todos los hermanos, para abrazar a quienes necesitan el consuelo y el amor que sólo Tú puedes dar.

            Envía, Señor, operarios fieles y santos a tus campos, hombre y mujeres que dejándolo todo, quieran servirte con entereza y amor, negándose a sí mismos por amor a ti y a tu Obra de Salvación. Envía no solo abundantes Vocaciones, sino Vocaciones Santas, consagradas y comprometidas con el Reino de los Cielos, capaces de dar aún su propia vida por causa de la Cruz que nos compartes para la Salvación.

            Y sí descubrimos que nos llamas a nosotros mismos para completar tu Obra de Redención, danos tu Espíritu Santo, para responder con valentía a los esfuerzos que nos implica caminar detrás de ti con nuestra cruz de cada día.  Y vivir siempre fieles a tu Voluntad y a tus inspiraciones.

            Te lo suplicamos por la intercesión del Inmaculado Corazón de María, Reina y Madre de los Consagrados, que a ejemplo suyo, sepamos permanecer fieles, firmes y constantes en oración, guardando como lo hizo Ella, todo cuanto recibamos de ti, en nuestros corazones, para meditarlo constantemente y llevarlo a la vivencia de las Buenas Obras para Salvación de los hombre y consuelo de Tu Sacratísimo Corazón. Amén”.



Mauricio Parra Solís
Esclavo del Inmaculado Corazón de María



            Mexicali, B. C., 02 de Febrero de 2017. Fiesta de la Purificación de María, Día de la Vida Consagrada. Año Jubilar por el Centenario de las Apariciones de Nuestra Señora en Fátima.

lunes, 30 de enero de 2017

La Virginidad de la Santísima Virgen


“Sábete y ten entendido Hijo mío, el más pequeño, 
Que Yo Soy la Perfecta Siempre Virgen Santa María, 
Madre del Verdadero Dios por quien se vive” 
(Palabras de la Virgen a San Juan Diego) 

           San Ignacio de Antioquía, en los comienzos del siglo II afirmaba: “Estáis firmemente convencidos acerca de que Nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (Jn 1, 13), Nacido verdaderamente de una Virgen… (Smyrn. 1-2). 

                 Los relatos Evangélicos (Mt 1, 18-25; Lc 1, 26-38) presentan la concepción virginal como una obra Divina que sobrepasa toda comprensión y toda posibilidad humanas (Lc 1, 34): “Lo concebido en ella viene del Espíritu Santo”, dice el ángel a José, la Iglesia ve en ello el cumplimiento de la promesa Divina hecha por el Profeta Isaías: “He aquí que la VIRGEN concebirá y dará a luz un Hijo” (Is 7, 14). 

              La Iglesia siempre ha creído y venerado a María como la Madre de Dios, mas no de la Divinidad de Dios, que son cosas completamente diferentes, es Madre de Dios en cuanto al Hijo, segunda Persona de la Santísima Trinidad, por ser Madre carnal, la Divinidad es el atributo de Dios solamente, que permanece en Jesús desde siempre, y no la pierde en sus prerrogativas de condición humana, por eso rezamos “verdadero Dios y verdadero Hombre”. Y María Santísima, por los méritos de Jesucristo, ha sido exenta del Pecado Original y se ha mantenido Siempre Virgen, antes, durante y después del parto, aun teniendo por esposo a San José, quien del mismo modo ofreció su Pureza Virginal a Dios. María, al ser mujer de la Tribu de Israel, tuvo que pasar por los rituales que mandaba la Ley de Moisés, pues en Ella también se cumple aquella frase de Jesús al Bautista: “Hay que cumplir cuanto está escrito”.


                  Afirmar que la Virginidad de María es solo un relato mitopoético, como una metáfora para hacer resaltar la teología de la Fe, es algo totalmente alejado de la Verdad de la Iglesia. El Magisterio de la Iglesia con su Autoridad ha enseñado desde siempre lo contrario. Puesto que es una Gracia excepcional que Dios concede para misiones especiales, y María, es modelo de la Virginidad para las Consagradas y Consagrados. “Pero no todos comprenden esto, solo aquellos que lo viven” (P. Moisés Olmos). 

                 María es la Puerta, y por esa puerta entra la Vida que prepara el comienzo de una vida nueva por el Espíritu, Ella, permanece Virgen en el momento de la Anunciación, pues su respuesta a Gabriel ha sido: “¿Cómo será esto, puesto que no he conocido a varón alguno?” (Lc 1, 34), a pesar de estar desposada con José, la Tradición Judía marcaba que no inmediatamente de que los padres arreglaran el casamiento se podían juntar, ni siquiera era la práctica de verse sino hasta el día de la boda, y María, nos enseña San Bernardo, desde pequeña que fue depositada por Joaquín y Ana en el Templo María, por razón divina, era ya consagrada a Dios, a lo cual, en el uso de la Razón, María misma consagra su Pureza de Alma y Cuerpo al Señor. 

               Afirmar que la virginidad de María es un cuento mitológico de los Catecismos de antaño, y por tanto una verdadera Herejía. Esto es ceguera espiritual. María Santísima, consciente de su consagración a Dios y de su Voto Virginal, no dejaba de meditar sobre la Voluntad de Dios, del mismo modo enseña la Tradición de la Iglesia, que José habiendo hecho lo mismo de Consagrarse 2 a Dios, tenía la misma disposición de mantener su Voto de Virginidad para con Dios. Y el Señor, en su perfección, conocía los corazones de ambos, y también de su deseo de permaneces fieles a Él, por lo que unió providencialmente sus caminos para cuidar uno del otro aquellos votos de consagración que habían hecho en su Presencia. 

               En el momento de la Anunciación, quién Fecunda el Seno Virginal de la Hija de Sión es el Espíritu Santo, no existe intervención humana en la Concepción del Verbo Divino, como pueden llegar a afirmar Pseudo teólogos, al decir que el hecho de la Encarnación del Verbo fue una concepción como cualquier otra, auxiliada María por la persona de José en el pleno acto de amor sexual, siendo coparticipes de la creación de Dios desde la carne. Gran y flagante mentira, puesto que ni María, ni José tuvieron relaciones carnales, ni violaron su consagración virginal ofrecida a Dios Padre. Dios mismo sale al encuentro de María que tanto aguardaba la llegada del Mesías. Dios mismo sale al encuentro de José para que no tema recibir a María como su Esposa. 

                La Virginidad de María era ya una práctica común entre los judíos en la comunidad de los esenios de la cual formaban parte José y María. En esa comunidad se consagraban vírgenes y castos para el Señor. Y esta comunidad se dedicaba al estudio y meditación de la Palabra de Dios, de ahí que se concluye que realmente María tanto como José eran vírgenes al Servicio de Dios. 
           
                    María es Virgen durante el Parto, San Lucas nos enseña que en el momento de la Anunciación, aun sin ella pedir pruebas, el ángel le enseña a su Prima Isabel que esta encinta, y Ella, María, corre presurosa a auxiliarla, a atenderle en cuanto fuera indispensable, de manera que María se mantiene ocupada velando por el bienestar de su Prima hasta el alumbramiento. También el relato nos hace referencia que María vuelve con José tres meses después cuando ha nacido el Bautista, y en Ella, ya se hace notar la capacidad de embarazo en su seno. María, temerosa, pero consiente de que aquello que se gesta en su interior no es de origen humano, camina hacia el encuentro de José, esté, natural y humanamente entra en la duda, y en ser la burla de la comunidad israelita. Pensando que María le ha sido infiel y ha sido fiel a la promesa con Dios. 

                  Es cuando Dios mismo le conforta y le anima a seguir adelante. El plan de Dios en la unión de vidas, mentes y corazones es perfecto. Y elige a ambos consagrados para la Misión más sublime que puedan esperar y que en ningún momento paso en pensamiento sobre ellos. Mas ellos, siendo fieles a las Promesas dictadas por Dios a Abraham y a los Profetas, no temen en dar paso adelante. Pero el consuelo de Dios a José, corresponde la prueba de que María no ha violado su cuerpo, sino que aquello que se gesta en su vientre es “por obra del Espíritu Santo” que no hay nada que temer. Y José, apresurado, no duda en tomar a María en su casa y velar y cuidar por ella, aun convirtiéndose en la burla de toda la Comunidad, olvida los respetos humanos y sigue adelante confiado de ahora en delante de las manos de Dios. 

                 Durante el Parto, nos enseña el Concilio, el nacimiento de Nuestro Señor no disminuyo la integridad virginal de su Madre, sino que la santifico (LG, 57). Para la tradición judía, el que tanto el hombre, como la mujer entraran en contacto con la sangre, les hacía intrínsecamente impuros y contaminados, y se establecían una serie de ritos para la purificación, que lo marcaba como sigue siendo en el Judaísmo, a los 40 días de haber dado a luz, donde la mujer entraba en el templo en el lugar destinado a las mujeres para proceder a la Purificación Ritual que se establecía, mientras por otro lado, el Padre, José presentaba a Jesús en la parte que correspondía a los hombres, juntamente con el sacrificio que se mandaba en la Ley. Mas era para que se cumpliera todo cuanto contenían las Escrituras, pues María, como José, pertenecían en ese momento al Pueblo de la Antigua Alianza, sellada por Dios desde Abraham y con Moisés. Y como tal, Jesús también debía cumplir con lo que marcaba la Tradición. Mas por el endurecimiento de corazones que por sí 3 mismo. Y de este modo, por los mismos méritos de Cristo, María sigue permaneciendo Virgen intacta, santificándose por el Alumbramiento del Salvador. 

                 Corrientes adversas a la Fe, de igual modo enseñan que María, fue progenitora de más hijos, a esto se objeta que la Escritura menciona unos hermanos y hermanas de Jesús (Mc 3, 31-55; 6, 13; 1Co 9, 5; Gal 1, 19). La Iglesia siempre ha entendido estos pasajes como no referidos a otros hijos en carne de la Virgen María, en efecto, Santiago y José, “hermanos de Jesús” (Mt 13, 55) son hijos de una María, discípula de Cristo, en el sentido social del pueblo de Israel, no existía el vocablo para decir primos, para referirse a aquellos parientes cercanos o incluso para dar a notar que todos era parte de la misma comunidad. 

               María, por la Fe de los creyentes, reconocemos que tuvo más hijos, pero no en el sentido humano, sino en el sentido espiritual, en el momento de la Cruz, al hacer referencia en Juan, como hijo y a María como Madre de Juan (Jn 19, 26-27; Ap 12, 17), se resalta la maternidad espiritual de María a los creyentes y al proveer el desamparo en que quedaría María con la muerte de Jesús, puesto que en la tradición judía, la mujer no tenía ni valor ni voto en las decisiones del Pueblo de Israel, por tanto, al quedar viuda la mujer y no haber tenido descendencia, esta era prácticamente despojada de toda seguridad. Y Jesús, al momento de la Agonía, le confía a Su Madre a Juan y de modo místico a todos los creyentes, para que Juan velará por ella, por eso nos afirman los Evangelistas, que Juan a partir de ese momento la lleva a vivir consigo. Jesús es el Hijo Único de María, dio a luz al Hijo, al que Dios constituyó el mayor de muchos hermanos (Rom 8, 29), es decir, de los creyentes, a cuyo nacimiento y educación colabora con amor de Madre (LG, 63). 
             
               A lo largo de los siglos este Dogma tan especial de María ha sido puesto a prueba con numerosas herejías, San Atanasio contra el Obispo Arrio que negaba la maternidad de María, le saludaba como hijo de Satanás, y es que los santos no se andan con rodeos ni medias tintas, llaman a las cosas por su nombre. Y Satanás, padre de la mentira y de la contradicción, usa sus muchas manos para confundir a los fieles, desde adentro de la misma Iglesia, para afirmar falacias inmensas e indignantes para atacar el Depósito de Fe y todos aquellos Dogmas que por Obligación de Fe debemos creer. Todo aquello que contradiga los Dogmas es y viene inspirado del Demonio para confundir la verdadera fe. 

               Enseña de un modo muy elocuente San Luis María de Montfort en su Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen: “Si alguno dijera que tiene a Dios por Padre pero sin la ternura de verdadero hijo para con María, engañador es, que ha de saber que no tiene más padre que al Diablo”. La rabia capital del enemigo de las almas, no es otra sino ver en la Pureza Virginal de María, el recordatorio que su infame soberbia le arrebato la presencia de Dios, y que en Ella, no ha podido tener ni la más mínima entrada en cuanto al pecado desde su Concepción. La única creatura humana que ha permanecido intacta de pecado, predestinada desde la caída de nuestros primeros Padres Adán y Eva. Con la Promesa que la Mujer pisotearía su cabeza orgullosa mientras esta trataba de morder su talón. Después de Nuestro Señor Jesucristo, María tiene plena potestad y autoridad para someter al Demonio.  

                Explicaba el Padre Gabriele Amorth, que en Gloria y Santidad Goza, que el Demonio es tan astuto que también dentro de la misma Iglesia usa a sus bufones para confundir la Verdadera Fe, llámese sacerdotes, llámese consagrados, fieles laicos comprometidos, Obispos. Y no es faltar a la Obediencia al afirmar esto, no es faltar a la caridad ni condenar, es ver la necesidad de que los laicos también deben comprometerse a estudiar y adentrar en las Escrituras y en el Magisterio, y no quedar como borregos siguiendo corrientes que son dañinas y ponen en riesgo a las almas. Enseñaba el Beato Cardenal Jonh Henry Newman a sus laicos: “Quiero un laicado firme, que 4 conozca su credo a tal punto que pueda dar razón de el”… Pero a nosotros como laicos nos gana la decidía, el querer que el sacerdote nos de todo, y el laico tiene la obligación de profundizar en su fe, no solo quedar con el catecismo de Primera Comunión. 

Negar los Dogmas como este de la Virginidad de María, gana para aquel que lo enseña, lo cree y promueve, la Excomunión Latae Sententiae, es decir, Automáticamente, si es clérigo pierde su Ministerio y toda facultad de dispensar los Sacramentos, queda fuera de la Comunión con la Iglesia por Herejía y Apostasía, si llamándole la atención no rectifica su camino. Lo mismo pasa cualquier fiel laico que enseñe Doctrinas Condenadas por la Iglesia, queda fuera de la Comunión con Roma, no puede acceder a ninguno de los sacramentos hasta que rectifique su fe y se arrepienta de su Herejía. 

                   En conclusión, San Agustín nos enseña, que al nacer de una Virgen que escogió aún antes de saber quién iba a nacer de ella, Cristo quiso aprobar la virginidad en vez de imponerla. Y quiso que la virginidad fuera escogida libremente aun en aquella mujer en la que él tomó para sí la forma de esclavo (Santa Virginidad, 4, 4-401). Herejes llamados Antidicomaritos son aquellos que contradicen la Virginidad Perpetua de María y afirman que después de Cristo naciera, ella se unió con su esposo como uno (Herejías 56-428). Del mismo modo San Cirilo de Alejandría decía contra aquellos que no confesaban como verdad la Virginidad de María: “El mantuvo a su Madre virgen aún después de Ella dar a luz”. Y así lo ha entendido siempre la Santa Iglesia, decretándolo en el Segundo Concilio de Constantinopla en el año 553, como Obligatorio de Fe para toda la Iglesia. 

                   Quien no crea esto, crea que por su propia voz se condena, por los Decretos de la Santa Sede en relación al tema y por la misma Palabra de Dios (Gal 1,8) 


Mauricio Parra Solís 
Esclavo del Inmaculado Corazón de María 


Revisión y Correcciones 
Sr. Presbítero Moisés Olmos Ponce 


Mexicali, B.C. 20 de Diciembre de 2016.

lunes, 23 de enero de 2017

Carta Abierta a los Adoradores del Santísimo Sacramento del Altar


Mexicali, B.C., 22 de Enero de 2017
III Domingo del Tiempo Ordinario

“Los muros de la ciudad se derrumbarán,
y cada uno entrará sin impedimento”
(Josué 6, 5)


                              Hermanos Adoradores:

                 
                 Tenemos en nuestra presencia un privilegio que pocos alcanzan a entender con la profundidad que merece el Misterio Eucarístico. Cristo, el Señor que ha venido a morar entre nosotros hasta la consumación de los tiempos (Mt. 28, 20), hemos aceptado un compromiso que pocos son capaces de aceptar, pues implica un sacrificio muchas veces de mis placeres y mis comodidades, un pasar de Martha, para entrar en la contemplación de María, pero como dice el Señor: “muchas cosas nos afligen cuando solo una es importante” (Lc. 10, 41-42). Hemos tenido un verdadero gesto de amor con Nuestro Señor, hemos dicho: “Aquí estoy Señor, vengo para cumplir tu Voluntad” (Salmo 39).

                          El Señor nos habla de diversas maneras y en muchas situaciones, pero necesitamos estar siempre abiertos y dispuestos a la voz de sus palabras, pero siempre con discernimiento, pues también el maligno enemigo, viene a nosotros como ángel de luz para confundirnos al cumplir la Obra de Dios, y la santidad que Dios mismo quiere obrar por medio nuestro.

                            El libro de Josué, nos presenta una situación muy peculiar en el relato de los Muros de Jericó; podemos relacionarlo de una manera egoísta de querer una protección, un aislamiento espiritual del Pueblo de Israel, donde por la Fe, caen los muros. Y donde la confianza de Josué en Dios, mueve no solo los muros, sino también los corazones del Pueblo, siempre la obediencia a la escucha atenta de la Palabra de Dios, es la que nos hace capaces de mover obstáculos. Pero el hombre de hoy, vive completamente amurallado, sitiado en su castillo interior, su corazón y su alma blindados, donde ni siquiera dejan penetrar la gracia de Dios.
                       
 Y nosotros, Adoradores… ¿No tenemos aún en nuestra alma algún muro que nos impide entrar más y mejor en la presencia del Señor? Cierto es que el Señor nos ha cambiado desde nuestro comienzo hasta hoy… Cuanta apatía quizá tuvimos que vencer, cuantos pretextos tuvimos que encarar en nosotros mismos para dar un paso… Obstáculos propios y externos, compañías, aún la misma familia con su rutina y abstracción en el mundo, y aún nosotros mismos que vivíamos inmersos en el mundo, en lo que nos promete y en lo que nosotros aún de buena y recta manera nos proponemos. Y que Dios nos dice hoy: “Aún todo eso, te quiero conmigo… quiero que me acompañes, así como yo te acompaño a lo largo de tus días, de tus tristezas, alegrías, preocupaciones… Ven a mis pies, que yo te daré descanso de tus angustias, y te daré aún más felicidad que la que ya experimentas”.

                 Hemos experimentado muchas murallas, internas, propias y externas que el mismo enemigo nos ha puesto. Nuestra propia soberbia, nuestro orgullo, la pereza… Y aún desde antes, y que hemos ido viviendo, como a Josué, Dios nos ha ido enseñando: “Los muros de la ciudad se derrumbarán y cada uno entrará sin impedimento” (Jos. 6, 5). Este relato de Josué en el capítulo 6, pone una actitud tal vez sencilla, tal vez cansada, pero que no es lo central de la Voluntad de Dios, sino la obediencia y la confianza. Ir al encuentro Suyo, mediante una serie de directrices, acciones y ritos, quizá vacíos en sí mismos, pero ricos para tumbar las murallas, más que las físicas, las espirituales. Salir de uno mismo, para entrar en la Presencia de Dios vivo, que aunque no nos percatemos, siempre está en medio de nosotros, en la periferia de nuestra cotidianeidad.

                 ¿Con cuanta frecuencia nos ponemos a meditar nuestro trayecto hacia el encuentro con Jesús Eucaristía? ¿Realmente nos preparamos para ir a ese encuentro? ¿O vamos atentos a las distracciones externas? No porque no debamos presar atención a muchas cosas, que cierto es son necesarias, más sin embargo, aun así, nuestra alma tiene que ser puesta a trabajar y anhelar cada momento previo para que rinda todo el fruto que el Señor nos quiere regalar en su Presencia. Hacer resonar en nuestro interior los cuernos para despertar al alma, para entrar en esa intimidad del amado con el alma, como si de la boda con la esposa se tratará, y aún más, pues el encuentro es todavía más profundo. Ya desde ahí, el Señor quiere derrumbar nuestras murallas.

                  ¿Qué es ahora de mí, después de haber vencido mis murallas, todo aquello que me ataba? Dando el primer paso, el camino Dios lo empieza a allanar, y aún con las piedras que nos coloca el mundo y el enemigo común, hemos encontrado, no solo algo, sino a Alguien, que nos empuja y anima a seguir adelante. Y aquí es donde en nosotros se cumple la promesa de Dios a Josué: “cada uno entrará sin impedimento”. No porque sea fácil, sino porque no vamos solos, es que hemos vencido el muro impenetrable que nosotros mismos habíamos levantado ya, y era necesario, que se destruyera para dar paso al rico caudal de Gracia del Amor y la Misericordia de Dios.
                 
Ya cruzamos el umbral al que teníamos miedo y apatía… Jesús mismo, que quiere tenernos delante de él, ha tenido la delicadeza no solo de llamarnos una y otra vez, sino de tener la paciencia para esperarnos, puesto que cuando estamos en Adoración, en su Presencia, no solo yo, criatura, contemplo al que me formo con amor en sus Manos, sino que también mi Señor, el que me levanto y me restituyo, también me contempla a mí, y se pone a mí altura, para estar siempre atento, cercano, paterno, fraterno, para hacerse de manera misteriosa, uno conmigo en la contemplación. De tal manera, que aún en el silencio y sin ninguna clase de palabras, cada uno entra en el corazón del otro, un dialogo perfecto de corazón a Corazón. Donde no hacen falta las palabras, sino la presencia y la figura, el Amor mismo y el objeto del amor que soy yo, no solo Adorador, sino hijo, que ama, consuela y permanece junto a su Creador.

                 El Señor ya nos ha permitido cruzar sin impedimentos, y quiere llevarnos aún más adentro de la ciudad interior, pero ya no de nosotros mismos, sino de su Sagrado Corazón, pues la muralla que poníamos nosotros, era en realidad el impedimento para entrar en Él, pues entrando nosotros en Él, el de manera intrínseca entraría a morar en nosotros, con un Misterio inabarcable de condescencia Divina, y mientras más nos adentremos en las entrañas de su Corazón, más podremos gozar las maravillas ahí contenidas y seguir creciendo en intimidad con Él, cuyo misterio es inabarcable, que solo entenderemos al entrar en la perfección de su Presencia en la Eternidad, pero que nos llama a experimentarla un poco ya desde ahora en la Tierra, en su Presencia Expuesta en nuestros Sagrarios, en nuestros Altares, siempre esperándonos, siempre buscándonos. Dichosos nosotros que hemos acudido a sus pies para saciarnos del agua que nunca se acaba.

                Y aún nos permite experimentar más, cuya presencia no disminuye al salir de la Capilla o del Templo, al concluir el tiempo semanal de mi compromiso, sino que va más allá de eso. A ser realmente adorador, en espíritu y en verdad (Jn. 4, 23), viviendo siempre y constante en la presencia de Dios, y suplicar ardientemente, “Señor, si yo salgo de tú presencia, qué mi corazón se quede aquí postrado ante Ti, así como Tú vienes y me acompañas en mi camino”. Bella es la intimidad con Cristo, cuando se aprende a tratarle como un amigo, sabiendo que es un Dios siempre cercano, contemplando aun en el dolor, la dulzura de la Cruz, pues quien contempla al Señor Expuesto en el Santísimo Sacramento, también lo contempla expuesto en la Cruz, y la Cruz con Cristo, es una Cruz aunque amarga, infinitamente dulce. Más una cruz sin Cristo, es una tristeza, porque no está Quién le da sentido y dulzura, aunque pueda verse contradictorio.

                 Que cada día, Hermanos, el Señor nos enseñe a ser verdaderos Adoradores, y que con nuestro testimonio, seamos puentes fuertes, para atraer a más hermanos hacia Él.

«Hele aquí... compañero nuestro en el Santísimo Sacramento,
que no parece estuvo en su mano apartarse un momento de nosotros»
(Santa Teresa de Jesús)


                                                                                                
Atte. 
Mauricio Parra Solís
Miembro del Movimiento de Adoradores
del Santísimo Sacramento,
 Parroquia del Espíritu Santo,
Diócesis de Mexicali

jueves, 19 de enero de 2017

Martín Lutero… ¿Un Reformador?

              Recientemente en la Audiencia General del Papa Francisco celebrada el pasado miércoles 18 de enero ha tenido a bien recibir a herejes Luteranos, como parte de un encuentro Pseudo ecuménico con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, resaltando ante todo que “Lutero tenía la intención de renovar la Iglesia, no de dividirla”, cosa que es mentira ya a 500 años del inicio de la Herejía Protestante.

            Los historiadores, no encuentran ningún fundamento para sostener que Lutero haya querido reformar las costumbres de la Iglesia, en manera corrompida en su tiempo, sino de acabar con la Doctrina Católica, y de ello hay muestra en numerosos escritos del Hereje al decir: “Yo no impugno las malas costumbres, sino las doctrinas impías”. Y años después insiste en ello: “Yo no impugne las inmoralidades y abusos, sino la sustancia y la doctrina del papado”. “Entre nosotros –confesaba abiertamente-, la vida es mala, como entre los papistas; pero no les acusamos de inmoralidad”.

           

Llegando al grado la “renovación de la Iglesia”, que tanto ha defendido Francisco, de llamar al Papa abiertamente demonio, tachándole que al Papa le debe la misma reverencia que al demonio si este se apareciere, haciendo menos daño que el Papa, afirmaba el Hereje Lutero. Tanta fue la “renovación”, que hizo desaparecer toda verdad de doctrina, acabando principalmente con la Sagrada Escritura, “Biblia para todos”, dejándola a la libre y errónea interpretación, y convirtiéndola en mero fanatismo de creer lo que cada cabeza creyera necesario al leerla. Quito la infalibilidad de la Palabra,  pisoteo la sucesión Apostólica, el Sacerdocio y el Episcopado, contenidos en la misma Palabra de Dios.

            Quito el valor salvífico de la Santa Eucaristía, reduciéndola a solamente un mero recuerdo de la cena pascual, y no como lo que es realmente el Sacrificio Redentor de Jesús. Como buen hijo de satanás, Lutero acabo con lo que el mismo demonio más aborrece, primero la Eucaristía y después el Culto a la Santísima Virgen María. Autores modernos, afirman enérgicamente y dicho sea de paso con verdad al decir que Lutero no solo destruyo el Cristianismo, sino acabo con toda la cristiandad.

            Una Reforma nacida auténticamente del Espíritu Santo, no suscita un desmembramiento espantoso, sino la cura de las heridas. Una verdadera Renovación que necesitaba la Iglesia era en sus costumbres, poco apegadas al Evangelio, más nunca en la Doctrina que nos han dejado los Santos Padres de la Iglesia, los Sacrosantos Concilios que se han celebrado para esclarecer cada vez más la Fe a la Luz del Paráclito, como cumplimiento a la Promesa de Jesús al subir al cielo: “Me voy pero enviare un Consolador que les enseñara a cumplir cuanto yo os eh enseñado” (Jn. 14, 26).

            La “reforma” de división, solamente es inspirada por aquel que desde un principio ha querido tomar el lugar de Su Señor, del Demonio, acabar con la Doctrina de la Iglesia, en aras de una llamada de atención, por más necesaria y válida que esta sea, fomentando y teniendo como resultado un desmembramiento masivo de los miembros, cabe bien resaltar las palabras de San Atanasio al hereje Obispo Arrio al saludarle como “hijo de satanás”, lo mismo aplica sin lugar a dudas con Martín Lutero, que de “medicina de la Iglesia” (Papa Francisco) y de “testigo del Evangelio” (Documento Oficial por la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos), no tiene absolutamente nada, y es más penoso y triste, que la propia Iglesia, a la que el trato de destruir, quiera aplaudirle todos los grandes daños y tanta sangre de Mártires que se ha derramado por defender la Fe de sus heréticas doctrinas, quiera aplaudir.

           

Es triste la calidad doctrinal que ha sumergido a Roma, a la Cátedra de San Pedro, vender la Doctrina de la Iglesia, y aplaudir lo que tanto daño ha causado, en favor de un FALSO ECUMENISMO, que altamente traiciona la misma Palabra de Dios y a Cristo mismo, la Esposa de Cristo se ha convertido en aquella mujer que le da veneno al propio esposo, y sin embargo, aun esta la promesa del Señor, que su Iglesia Santa prevalecerá aun contra los ataques del infierno, aun cuando, como afirma San Pablo, desde sus mismas entrañas aparecerán lobos con piel de ovejas que enseñarán doctrinas falsas desde adentro. Y triste es que los fieles, sucumben también ante el error, por estar disfrazado de detalles bonitos y llamativos, como si de atracción de masas se tratara y no de la salvación de las Almas.  Nos hemos vuelto, como Iglesia, incapaces de distinguir entre el agua pura y el agua envenenada, porque el veneno se ha camoflageado con lo sano, y es silencioso como el cáncer.

            Oremos, porque el Espíritu Santo, que es Espíritu de Orden, asista con prontitud a la Iglesia, a nuestros Obispos, al mismo Santo Padre, que le ilumine y se dé cuenta que lo único que se está creando es una enorme confusión en la Iglesia, y tristemente, el creer que todo va bien y la Iglesia está tomando respiros de renovado aire, no es sino un engaño de Satanás, para confundir aún más. Afirmarlo por parte de nuestros Obispos, es una alta traición a Cristo y a la Iglesia, por falsos respetos humanos y miedo a perder sus cargos. Oremos para que el Espíritu Santo despierte los corazones y mueva las conciencias hacia el encuentro con Dios que nos salva, con Jesucristo Vivo. Hacia una verdadera Unidad de la Iglesia, sin vender su Doctrina y mucho menos poner el Papado como alfombra por el cual caminen encima los herejes.

            “Ven Espíritu Santo, Don altísimo, claridad y verdad del Padre y del Hijo, que has hablado por los Profetas, y has enseñado a cumplir todo aquello que Jesús nos ha enseñado, y has revelado la Vida a los pequeños y sencillos. Asiste con la Claridad de tu Luz a la Iglesia, Hija Amada del Padre, Cuerpo Visible de Cristo y Esposa fiel de Tus Inspiraciones, enséñale a caminar verdaderamente por el camino de la verdad, que sea signo visible de unidad y de caridad, para cumplir así la Oración que Jesús elevo al Eterno Padre, de ser uno como El y el Padre lo son por el vínculo perfecto de tú acción. Ven Espíritu Santo, y asiste al Santo Padre, Dulce Cristo en la Tierra, ilumínalo para que nos confirme en la Verdad de la Palabra Divina y en la recta interpretación de todo aquello que debemos creer para salvarnos. Concede valentía a nuestros Obispos, que han sido constituidos guardianes de la Fe Verdadera, que sepan defender la Verdad que has enseñado a tu Esposa, la Santa Iglesia. Destierra de Ella, el viento impetuoso de las herejías que buscan diabólicamente acabar con tú Obra de Salvación.  Te pedimos todo esto, por intercesión de Aquella primera y fiel discípula de la Iglesia, tu Inmaculada Esposa, la Virgen María, por Ella, por los méritos de su Inmaculado Corazón, para glorificar el Triunfo del Corazón de Jesús, y el cumplimiento de las Promesas que nos hizo en Fátima, y que el Demonio y Satanás, sea encadenado a los abismos, y cese de propiciar a los hombres el veneno de la condenación eterna, y de cribar a los elegidos de Dios, llenando de ajenjo a la Santa Madre Iglesia Católica, a la que profesamos nuestro amor y fidelidad, al Sumo Pontífice y a la Sana y Verdadera Doctrina. Concédenos por último, no solo guardar en nuestros corazones la Palabra de Jesús, sino encarnarla en la vida propia, y dar testimonio de ella en la Verdad y la acción. Ven Espíritu Santo, y renueva con la claridad de tu Luz, la Faz de la Tierra. Amén”.



Mauricio Parra Solís
Esclavo del Inmaculado Corazón de María


            Mexicali, B. C. 19 de Enero de 2017. Año Jubilar del Centenario de las Apariciones de la Ssma. Virgen en Fátima.