sábado, 25 de octubre de 2014

Año de San Jose

Año Diocesano
Dedicado a Nuestro Padre San José


Llenos de alegría en el Señor, 
para Gloria de Dios y exaltación de la
Santa Iglesia Católica.

El 16 de Octubre de este año 2014,
Comenzamos en esta Diócesis Peregrina de Mexicali
el Año de San José,
en preparación al Año Jubilar Diocesano
por los 50 Años de la Erección Diocesana
por Mandato del Beato Papa Pablo VI.

Pedimos la Intercesión del Santo Patriarca
por las Vocaciones Sacerdotales y Consagradas.
Por las Familias, la juventud y la adolescencia,
por nuestros Gobernantes..

Para que su Intercesión por esta Iglesia Particular,
nos ayude a caminar como un solo Rebaño, bajo la Guia del 
Unico Pastor, N. S. Jesucristo,
Bajo el cayado de Nuestro Obispo José Isidro, 
y en Union de Fe y Caridad con el Santo Padre, el Papa Francisco.

SAN JOSÉ, PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL...
RUEGA POR NOSOTROS.

(Procesión de Entrada para la Misa de Inauguración
Imagen Peregrina de San José que visitara este Año las Parroquias de la Diocesis)


martes, 30 de septiembre de 2014

Devociones hacia el Sacerdote: Besamanos

¿CÓMO DEBEMOS BESAR A LOS SACERDOTES Y 

RELIGIOSOS?



El beso ha sido desde antiguo un signo exterior de afecto y respeto, si bien el sentido común y el decoro cristiano nos obligan a darlo de unas maneras muy distintas según con quien tratemos.

En el caso de LOS SACERDOTES: se ha de besar el dorso de su mano derecha, ya que aunque ambas manos han sido ungidas el día de la ordenación sacerdotal, es con esta mano con la que imparte las bendiciones. El beso u ósculo, ha de hacerse de manera natural, apenas rozando los labios y con una leve inclinación.

NO ES CORRECTO llevar la mano del sacerdote o religioso hacia nosotros, ni hacer grandes reverencias.

Por parte del consagrado que recibe el beso, NO ES CORRECTO REHUIR EL BESO, por cuanto no se le dedica a él, sino que es un acto de amor a Dios.


Con LOS RELIGIOSOS y MONJAS: costumbre piadosa es besar la mano, la cruz del hábito, el rosario o el escapulario.

En NINGÚN CASO es conveniente ni prudente, besar a un sacerdote o religioso en la cara, a menos que se sea familiar directo y siempre cuidando de hacerlo en el ámbito privado.

El beso en la mano del sacerdote es SEÑAL DE PIEDAD, de amor a Dios, NO DE VENERACIÓN sino de respeto filial por cuanto es padre espiritual, pastor de almas, cuyas benditas manos tocan a Dios mismo en la Santa Misa.

HA DE SER EVITADO EL BESO EN LA CARA por cuanto el sacerdote o religioso no es un hombre del mundo, sino alguien consagrado, apartado de las cuestiones terrenales y propiedad absoluta de Dios, por lo que debemos tratarlo como persona sagrada, evitando un trato excesivamente familiar.

Que bello seria ver nuevamente estas formas tan antiguas y tan bellas en la piedad de la Iglesia!!!!



domingo, 3 de agosto de 2014

Reflexión Dominical


XVIII Domingo del Tiempo Ordinario
03 - Agosto - 2014

Alabado sea Jesucristo

Este Domingo nos invita a la confianza, pero tambien nos invita a hechar una mirada hacia dentro de nosotros mismos y preguntarnos como he buscado la manera de llevar a otros el Reino de Dios! El Profeta Isaias nos presenta el Reino como un Gran Banquete que se abre a todos los Hombres, y en modo especial a los mas necesitados. La Madre Teresa de Calcuta los llamaba "los mas pobres de entre los pobres", aquellos que el mundo mas denigra y deja de lado, los "poca cosa", pero que en realidad, son los mas valiosos que tiene el mundo. Tambien de un modo muy particular, San Pablo nos deja bien en claro que a pesar de todo lo que nos acontesca en nuestra vida, nada es capaz de hacer que Dios venga a nosotros, ni la circunstancia mas adversa que nos presenten lo puede hacer, pero si ay algo que puede hace que nos apartemos de ese maravilloso Amor que Dios nos tiene, y ese algo, somos nosotros mismos, que en nuestra libertad, nos vamos alejando cada vez mas de El y de su Amor. Y muchas veces le hechamos la culpa a Dios de lo que llega a pasar en nuestras vidas, cuando en realidad muchas veces pese a las circunstancias, somos nosotros quienes caemos en nuestros mismas trampas, lo que es lo mismo, nuestros errores. Y para no querer aceptar nuestra realidad y nuestra culpa, vienen a nuestra mente una serie de cosas y pensamientos por demas disparatados, unos dicen que el "karma", otros que fue castigo divino, etc., los unicos que nos castigamos somos nosotros mismos. Malgastamos nuestra libertad a nuestro antojo, y al alcanzarnos las consecuencias somos los primeros en huir y sacarles la vuelta, pero no en afrontarlos como es debido, sabiendo que no estamos solos, que pese aun las caidas, Cristo esta siempre con nosotros, siempre atento, siempre dispuesto a tendernos la mano. A pesar de esto, de que nosotros nos apartamos de Dios, a Dios, nada puede apartarlo de nosotros, siempre permanece ahi, en silencio, fiel, paciente y prudente, esperando a que nosotros retomemos el camino seguro, el no abandona, no suelta nuestras debiles manos, al contrario, siempre las sostiene y las aprieta contra su Corazón.

Por otra parte, el Evangelio nos presenta un relato Eucaristico, pero que no nada mas puede centrarse en el Misterio de la Santisima Eucaristia, Pan por excelencia para los pobres, sí, para los pobres de espiritu que buscan saciarse, para los limpios de corazón que buscan con ansias encontrarse cada dia mas con Dios, con sus hermanos. Nos presenta Jesús en sus palabras, ese "Dadles Vosotros de comer". No solamente se refiere al alimento material, sino que va aun mas alla, va a presentarnos una dinamica de interes en el projimo, de ir y salir, como nos dice el Papa Francisco: "Salir a las periferias", pero no un ir a las periferias y solamente gritar que la persona tiene dignidad, que la persona es amada por Alguien que se ha sacrificado por ella, que cada uno tiene un valor infinito que no del todo se ha sabido descubrir. No es ese salir a las periferias y gritar y hablar. Es un "dadles vosotros de comer" con la presencia, con el testimonio, con la preocupacion, no con la lastima, que eso solo embrutece la acción, nadie es digno de lastima, sino de hacerle saber que es valioso. Darle de comer al hermano, no dar las miserias, ni aquello que nos sobra, estamos invitados a dar de maneras distintas y complementarias entre ellas mismas. Una es, dar de aquello que apenas nos ajusta, si, asi es, si apenas lo tenemos para nosotros y es poco, aun eso poco darlo, no importa si nos quedamos sin ello para nosotros, la otra persona lo necesita mas que nosotros mismos, nosotros, si confiamos en el Amor que Dios nos tiene, El mismo, en su Providencia, nos dará mucho mas. Un servicio, que aunque no demos nada material, nos estamos dando a nosotros mismos, que es mas valioso y mayormente valorado por nuestro hermano, que muchas veces no nos pide materialmente, muchas veces solo necesitan tiempo, una palabra, un gesto para sentirse amados, para sentir que su vida vale la pena, que le interesan a alguien. Ese es "dadles vosotros de comer" que quien nos vea a nosotros vea ese amor y esa caridad que Dios nos tiene. Que no pase un solo dia que acerquemos a otra alma a los brazos de Dios. Porque asi, tambien nosotros mismos estaremos cada dia, un paso mas cerca de El, y un dia, para toda la Eternidad. Asi Sea.

Ave María Purisima...

 M. P. Solís

domingo, 8 de junio de 2014

Abusos Liturgicos durante el Padre Nuestro



¿Por qué NO debemos LEVANTAR o cogernos LAS MANOS 
al rezar el PADRE NUESTRO en la Misa?

Esto es una práctica no litúrgica, que si bien no está prohibida expresamente en el Misal, no corresponde a la Liturgia, ya que está reglamentado que el rezo del "Pater Noster" (Padre Nuestro), sea hecho por todos los presentes en la Misa, incluido el sacerdote oficiante, y SOLO EL SACERDOTE debe elevar las manos al momento de esta oración. Los fieles NO DEBEN copiar este tipo de gestos. Lo mismo vale para el credo, siendo la excepción de que nadie debe levantar las manos, ya que es una profesión de fe.

Esto es un abuso litúrgico.

LOS ACTOS LITÚRGICOS:

Son actos litúrgicos aquellos que expresan la sacramentalidad de la Iglesia. Los actos litúrgicos tienen que tener sus libros oficiales y ritos propios, aprobados por la Santa Sede y tienen que ser presididos por los ministros autorizados para ello.

En la Misa cada gesto es coreografiado por la Iglesia y sus rúbricas. O sea que por eso tenemos partes particulares de la Misa en las que nos arrodillamos, partes en las que nos levantamos, partes en las que nos sentamos, y no hay mención en las rúbricas de una parte en que nos cogemos de la mano al rezar el Padrenuestro.

No hay nada en las Instrucciones Generales del Misal Romano que diga que ésta sea una opción viable (cogerse de las manos).






domingo, 18 de mayo de 2014

Por María a la Trinidad


Bienaventurada eres Virgen María, porque en tu Suprema Humildad mereciste alcanzar el gozo en Presencia del Altísimo, pues tu fuiste el reflejo de la Celestial Jerusalen, de la cual nos habría de Venir la Salvación, Eres la Puerta del Cielo, Eres la Mediadora de Todas las gracias, Corredentora y Reina.

Bienaventurada te han de llamar todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho Obras grandes en tu favor. No eres la protagonista, ni la que nos ha de salvar, y sin embargo tan especial es tu trono que haz sido elevada por encima de todo lo creado y aunque sometida enteramente a la Santísima Trinidad, no dejas de arrebatar de Ella todo cuanto le pides, porque por tus méritos nada es negado.

Oh pedestal de la Gracia, oh Aurora del Nuevo Día, que resplandeces como llama inapagable, Hostia de alabanza del Dios Eterno. Camino seguro y recto de ejemplo, siempre atenta y dispuesta, Misionera de la Palabra, Evangelizadora en el Silencio, opacas tu figura para que el Dios Trino y Uno brille con esplendor e ilumine las tinieblas.

Purisima tenias que ser, para enseñarnos la pureza, valiente y decidida, para enseñarnos a aceptar la Voluntad Divina sin mirar atrás y confiada en la Promesa para no dudar de las grandes maravillas que te destinaban a ver. Prestáme Madre esa pureza para dar un buen lugar al Verbo Encarnado, concedeme Madre tu valentía para no dejarme llevar por afanes innecesarios de esta vida, sino para desear con pasión los tesoros celestiales, y tu decisión para afrontar las contrariedades y sufrir con santa paciencia lo que venga junto a la cruz. Dame una confianza firme para no dudar que soy amado y caminar a ciegas sin esperar mas recompensa que la Promesa de verte un día y de tu mano llegar al Trono del Rey en las Moradas Eternas.

M.P. Solís


jueves, 8 de mayo de 2014

Comunicado



Mexicali, B. C. 08 de Mayo de 2014
Año de María.

Amigos Lectores:

Por este medio los saludo a todos, pidiendo al Corazón de Jesús bendiga sus proyectos, especialmente en este mes dedicado a Honra y Alabanza de su Santísima Madre, la Siempre Virgen María.

Les quiero pedir una disculpa por este tiempo en que he abandonado el Blog, que sin duda alguna retomare a la mayor brevedad para seguir difundiendo la Verdadera y Sana Doctrina de nuestra Santa Madre Iglesia.

El motivo de mi ausencia estos meses, es por falta de tiempo, pues se me complico un poco entre mis estudios, Apostolado en la Parroquia y mis actividades laborales. Pero no me olvido, en el poco tiempo que me queda estoy trabajando para seguir manteniendo viva la llama de la Fe.

Les pido me tengan paciencia que serán recompensados. Mientras tanto, pido encarecidamente sus oraciones y cuenten de antemano con las mías.

Servidor en Jesús y María.

Mauricio Parra Solís
Administrador



martes, 4 de marzo de 2014

Mensaje del Santo Padre Francisco con Ocasión de la Cuaresma 2014




Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cfr. 2 Cor 8, 9)


Queridos hermanos y hermanas:

Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de san Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de san Pablo? ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?

La gracia de Cristo

Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se “vació”, para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama. La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22).

La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice san Pablo— «...para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica. ¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, san Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2).

¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros. La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura. La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su “yugo llevadero”, nos invita a enriquecernos con esta “rica pobreza” y “pobre riqueza” suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29).

Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.


Nuestro testimonio

Podríamos pensar que este “camino” de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.

A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual. La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir.

No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente. Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.

El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza! Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana.

Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.

Que el Espíritu Santo, gracias al cual «[somos] como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo» (2 Cor 6, 10), sostenga nuestros propósitos y fortalezca en nosotros la atención y la responsabilidad ante la miseria humana, para que seamos misericordiosos y agentes de misericordia. Con este deseo, aseguro mi oración por todos los creyentes. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal. Os pido que recéis por mí. Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.

Vaticano, 26 de diciembre de 2013
Fiesta de San Esteban, diácono y protomártir