martes, 10 de enero de 2017

Cápsula Litúrgica: Reverencias al Obispo

              


              En la Iglesia Católica existen muchos signos que son parte de su riqueza misma. Sobre todo en lo concerniente a las reverencias  se distinguen normas de urbanidad no solo hacia los Lugares Sagrados, sino también implica una Reverencia hacia las personas por el cargo que ostentan dentro de la Comunión Eclesial.  No por ser la persona misma motivo de adoración, sino en virtud a que son Representantes de Nuestro Señor y llevan sobre ellos la Autoridad de la Iglesia confiadas de manera especial.

            Tal es el caso como haremos referencia a la Persona de los Obispos, y aquellos que tienen la investidura Episcopal, Cardenalicia e inclusive Pontificia.

Las personas sagradas, empezando por el Papa, objeto de la adoratio (según se ha explicado antes) y cuyo annulum piscatoris (el anillo del Pescador) se ha de besar en audiencia. Los prelados consagrados con el orden episcopal –ya sean cardenales, patriarcas, arzobispos y obispos– son acreedores del ósculo a su anillo pastoral, acto que en el pasado se hallaba indulgenciado. El beso tanto al anillo papal como al episcopal debe hacerse haciendo genuflexión.

¿Por qué al Papa y a los obispos se les besa el anillo y no la mano como a los demás sacerdotes? Porque el anillo es el signo externo de su autoridad apostólica y de su unión con la iglesia que presiden.



En el protocolo epistolar eran sólitas las siguientes fórmula de despedida del remitente de la carta: “que besa la sagrada púrpura de Vuestra Eminencia” (en el caso de dirigirse a un cardenal) y “que besa el pastoral anillo de Vuestra Excelencia” (tratándose de un arzobispo u obispo). El beso a la púrpura de un Príncipe de la Iglesia es hoy meramente retórico, pero debió practicarse en el pasado besando la orla de la cauda cardenalicia, como se besaban las de las vestiduras de ciertos potentados y dignatarios civiles y religiosos y de las señoras.

El beso depositado en una mano consagrada es un acto a la vez de humildad, de piedad y de religión. Es un acto de humildad porque indica el reconocimiento de una subordinación, aunque no a la persona sino a la dignidad (de ahí que nunca hay que substraerse a besar la mano de algún sacerdote aunque se lo considere indigno); es la subordinación del laico al clérigo, que está constituido en un orden superior. Es un acto de piedad porque el hijo rinde homenaje a su padre espiritual y también porque se reconoce y se muestra visiblemente respeto a lo sagrado. Es, en fin, un acto de religión, porque se honra a Dios honrando a sus ministros. En estos tiempos de descreimiento, también es de modo especial un elocuente acto de fe, por el cual se reverencia la mano que ha sido consagrada para ofrecer el santo sacrificio de la Misa.


¿Puede aceptar un Cristiano la Pena de Muerte?


“No Matarás”
(Ex. 20, 13)



            El sistema político ha ido caminando para buscar una mejora en la seguridad social, evitar crímenes y mantener el orden de toda persona. No haciendo a un lado en ello ciertos castigos en materia de delincuencia. Penas que van desde prisión, servicios comunitarios y contemplando tristemente la pena capital o llamada pena de muerte.

            Un cristiano, ¿puede estar a favor de la pena de muerte? Es cierto que todo delito tiene una consecuencia y por ende un castigo. Y espiritualmente, pena por el pecado es la muerte eterna. Y sin embargo, humanamente, ninguna persona tiene poder sobre la vida, ninguna otra persona aun siendo las mismas leyes la que permitan esto, pues toda ley, como enseña Santo Tomás de Aquino, tiene su principio y su fin en la naturaleza misma, para el bien común de todos.
           
El Papa Juan Pablo II, en su Carta Encíclica “Evangelium Vitae”, denuncia la pena de muerte como inaceptable para el católico. No soluciona en manera alguna para hacer prevalecer el orden público, sino que le encamina a una desacralización de la dignidad propia del hombre; enseña el Catecismo de la Iglesia Católica:  “La vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae,  intr. 5). (No. 2258); Causar la muerte a un ser humano es gravemente contrario a la dignidad de la persona (CIC, 2320)

            Nadie, por más grave que sea el delito merece la muerte, sino la sanción equiparable al delito, y vigilar por su salud tanto emocional como espiritual, de manera que profundice en la gravedad de su acto y busque enmienda segura de su vida aun pese a la condena que le sea impuesta purgar por sus actos. Más no deliberadamente, por manos de la autoridad competente, sea quien fuere, tomar la vida de otro hombre para motivar al escarmiento de posibles actos o rebeldías que se puedan cometer.  Aun cuando la historia misma nos ponga esos ejemplos tan atroces de guerras y persecuciones como se han suscitado en la humanidad.

 
            Es deber y obligación de los Gobiernos, legislar reformar y leyes dignas a la persona, y es obligación también de los fieles, exigir a los gobernantes leyes acorde a las verdaderas necesidades del pueblo, no solamente que respalden minorías, sino también en la escucha del bien popular, y que garanticen el estado de derecho y la libertad de cada uno en conciencia moral y espiritual. Siempre prevaleciendo la moral y las buenas costumbres, sin convertirse en una mera dictadura de minorías que lejos de establecer un orden lo alteran por meros intereses partidarios, económicos y potenciales de privilegios mal sanos.

            Siempre es valor superior la vida humana, en su esencia moral y espiritual. Ni un individuo puede moralmente agredir a otro igual, ni tampoco siendo aún las Leyes aplicarías en este aspecto, tienen jurisprudencia moral. Creados en Dios, a imagen y semejanza suya, y el homicidio en cualesquiera de sus variantes es sangre que clama al cielo, buscando de Dios mismo la sola justicia, que debe velar en las mismas legislaciones sociales. Si al castigo como pago del delito, más no la vida como pago de este, aun siendo meritorio en alguna manera.



Mauricio Parra Solís



            Mexicali, B.C., 10 enero de 2017. 

domingo, 8 de enero de 2017

¿Sacramentos a los Suicidas?

Durante siempre la Doctrina de la Iglesia ha sido basada en la Sagrada Escritura, en la Enseñanza de los Santos Padres Apostólicos. Hoy en día, es una tristeza ver que la misma Palabra de Dios se ha usado para adaptar la propia conveniencia y antojo, interpretándola de una manera netamente protestante aun por Nuestros Pastores, quienes son los encargados de darla a sus fieles hijos de manera fiel como la han recibido. 

Hemos llegado al punto en que bajo “Licencia Eclesiástica” pretendemos aprobar el sacrilegio de los Sacramentos y la aprobación del Pecado. El cisma se da por sí mismo al contradecir totalmente el Magisterio, no es necesario gritarlo a grandes luces para que exista y sea evidente. Bajo directrices Pastorales bajo una supuesta caridad y obra de Misericordia, cuando la verdadera caridad y misericordia, es también hablar y ser enérgicos por el celo de la Salvación de las Almas. La Iglesia, como Madre, nos enseña Benedicto XVI, también tiene la obligación de exigir a sus hijos. Y cabe resaltar que no solo exigir, sino darles los puntos reales y fieles. 

Ha sido tan enérgico como dulce; ha reprendido, amenazado,
castigado, sabiendo y enseñándonos que con frecuencia
el temor es el comienzo de la sabiduría
y que conviene a veces cortar un miembro para salvar el cuerpo…

Jesús mismo, ha sido bueno para con los extraviados y los pecadores, no ha respetado sus convicciones erróneas, por muy sinceras que parecieren; los ha amado a todos para instruirlos, convertirlos y salvarlos. Si ha llamado hacía sí, para aliviarlos, a los que padecen y sufren, no ha sido para predicarles el celo por una de igualdad quimérica. Si ha levantado a los humildes, no ha sido para inspirarles el sentimiento de una dignidad independiente y rebelde a la obediencia. Si su corazón desbordaba mansedumbre para las almas de buena voluntad ha sabido igualmente armarse de una santa indignación contra los profanadores de la Casa de Dios, contra los miserables que escandalizan a los pequeños, contra las autoridades que agobian al pueblo bajo el peso de onerosas cargas sin poner en ellas ni un dedo para aliviarlas. Ha sido tan enérgico como dulce; ha reprendido, amenazado, castigado, sabiendo y enseñándonos que con frecuencia el temor es el comienzo de la sabiduría y que conviene a veces cortar un miembro para salvar el cuerpo… (San Pio X, Enc. Notre Charge Apostolique, 38; 15 de agosto de 1910). 

Buscamos la salvación de las almas, mas poco parece importarnos por nuestra manera de proceder, más pareciera que nos empeñamos en condenar las almas que en salvarlas. Y buscamos hacer de la Misericordia la tapadera de nuestros propios actuares. Cuando el Señor ha sido enérgico y celoso de la Salvación. Pues quiere la vida del Pecador, que se convierta y viva, que no muera eternamente. 




Mucha polémica ha causado la Licencia que los Obispos Canadienses han dado a sus respectivos cleros para asistir en el Sacramento de la Extremaunción a quienes buscan el Suicidio Asistido, conocido como Eutanasia. ¿Quiénes somos nosotros para decidir si vivimos o morimos? Nosotros no somos dueños de la vida, 2 administradores solamente, más la vida nos la ha dado Dios y él es al Único que le compete decidir cuando llega a término nuestra pobre existencia. Nos ha dado el Mandamiento “No Matarás” (Ex. 20, 13). El Catecismo nos enseña: “Sólo Dios es dueño de la vida humana. Los hombres debemos respetarla. Matar voluntariamente a un ser humano inocente es pecado, ya será por homicidio, suicidio, eutanasia, violencia, guerra injusta o aborto, aunque el cadáver sea muy pequeño… Peca contra sí mismo, quien se quita la vida por el suicidio o se mutila, quien pone en peligro su vida sin necesidad, quien se embriaga o se droga y el que por desesperación se desea la muerte… la eutanasia es pecado grave porque, en definitiva, es matar a una persona”. 

Si lo que han hecho los Obispos Canadienses no es contradecir la Doctrina Ortodoxa de la Iglesia, quisiera saber ¿Qué han hecho entonces? Tal parece que el Magisterio ha sido concebido por los Padres Apostólicos para ser lanzado al suelo. Todos somos Hijos de Dios, y Dios es tan Misericordioso que nos reconcilia con Él, mas también nos compromete a un modo de vida. El mismo Evangelio lo hace explícito: “No vuelvas a pecar”, “mucho se le ha perdonado porque mucho a amado, vete y No vuelvas a pecar”… 

El Papa Francisco tristemente parece no prestar atención a esta realidad, en favor de un “misericordear” pisoteando la Misericordia misma dándola a la Iglesia como una baratija más sin darle en verdadero resalte. Y abusar de la Misericordia de Dios también se comete pecado grave, desesperar la Misericordia de Dios, empeñándonos en el pecado sin propósito fiel de enmienda. Dios ama al pecador, no al pecado, y es claro en ello… 

La Sagrada Escritura condena de gran manera a los suicidas sin heredar el Reino de los Cielos… “Todo el que aborrece a su hermano es homicida, y vosotros sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él”. (1 Juan 3, 15)… “Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”. (Ap. 21, 8). 

El Reino de los cielos, es cierto, no está cerrado para ningún alma, ms sin embargo el Señor nos lo ha dicho: “hay que esforzarse por entrar por la puerta angosta” (Lc. 13, 24). Siempre la Iglesia nos ha enseñado la contrición, el propósito de enmienda. No se puede hacer burla de los Sacramentos cuando no hay disposición en el alma de volver su vida a Cristo y a sus Mandamientos. Lo mismo que la Confesión nos regala la gracia del perdón de los pecados, la Santa Unción con el Oleo a los Enfermos, nos prepara para el transito definitivo al Encuentro con Nuestro Señor, y si es la Misericordia con nosotros, recobrar las fuerzas de la salud humana. 




Acceder al Sacramento de la Santa Unción a quienes han decidido acabar con su vida, no impone sino solamente una burla a Cristo, al Sacramento y a las almas, engaño altísimo de santanas es, hacernos creer que moriremos en gracia de Dios cuando habiendo recibido el Auxilio del Sacramento, pretendemos seguir adelante con la obra del suicidio, en este caso de la Eutanasia. La labor de los Pastores, Obispos y Sacerdotes, es dar la correcta catequesis a sus fieles y disuadirlos del acto de suicidio, puesto que no somos, como hemos mencionado, dueños de nuestra vida. Y el Sacerdote, por amor a su Ministerio y por amor a Dios y a la salvación de esa alma y la propia, tiene toda la autoridad de negar el sacramento a sabiendas que el fiel se empeña en realizar sacrílego acto. Aún, contradiciendo la misma Autoridad de las Conferencias Episcopales, puesto que no solo está ayudando a condenar a esa alma solapando su pecado, sino que condena también la propia alma haciendo sacrilegio del sacramento y siendo tibio celoso de su Ministerio para la salvación de las almas. 

Los Sacramentos existen para salvar a las Almas, no para ayudarlas a condenarse. La caridad y Misericordia exige que el sacerdote y el obispo disuada al fiel a elegir llevar su enfermedad de una manera digna, no a buscar la salida fácil. Doble condenación se gana. La condenación del alma que ha optado por la puerta ancha del suicidio y el sacerdote que viola la sacralidad del Sacramento de la Unción. Pues al final de cuentas, el pecado se va a cometer, no hay arrepentimiento en hacerlo. 

Oremos insistentemente por Nuestros Pastores para que sean verdaderamente dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo en la praxis de la Iglesia. Que cese la grave confusión que en estos tiempos se ha dado de interpretar la Doctrina en contra de la Salvación de las almas por una mal entendida apertura de misericordia, haciendo cada vez más ancha la entrada al Infierno, por no hacer parecer a Nuestra Santa Madre Iglesia como una organización intransigente, cuando la hemos vuelto solapadora de errores desde la Santa Cátedra de San Pedro. Por amor a la Iglesia, por amor a las almas ya no es necesario callar, aunque seamos tachados de rebeldes, ya n es menester callar, como enseñaba Santa Catalina de Siena: “Hablad, gritad en mil lenguas que por callar el mundo está podrido”. 


Mauricio Parra Solís 
Esclavo del Inmaculado Corazón de María 


Mexicali, B.C., 16 de Diciembre de 2016

viernes, 6 de enero de 2017

Carta Abierta a los Padres Cardenales de México


Mexicali, B. C., 05 de Enero de 2017
Año Jubilar del Centenario de las
Apariciones de María Santísima en Fátima


Eminentísimos Padres Cardenales:

+ Emmo. Sr. D. José Francisco Robles Ortega
Cardenal – Arzobispo de Guadalajara
Presidente General de la Conferencia del Episcopado Mexicano
+ Emmo. Sr. D. Norberto Rivera Carrera
Cardenal – Arzobispo Primado de México
+ Emmo. Sr. D. Carlos Aguilar Retes
            Cardenal- Arzobispo de Tlalnepantla
+ Emmo. Sr. D. Juan Sandoval Iñiguez
            Cardenal – Arzobispo Emérito de Guadalajara
+ Emmo. Sr. D. Alberto Suarez Inda
            Cardenal – Arzobispo Emérito de Morelia

                                   P R E S E N T E S . –

            Reverendísimos Padres,

            Por la presente carta reciban un cordial saludo, pidiendo a Nuestro Señor Jesucristo, Buen Pastor, por Intercesión del Inmaculado Corazón de María, les bendiga en su Ministerio Episcopal, que les ha sido confiado para salvaguardar la Verdadera Fe de la Iglesia, la Tradición Magisterial que desde siempre hemos profesado como Hijos de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Eminentísimo Sr. D. Alberto Suarez Inda,
Cardenal - Arzobispo Emérito de Morelia
Estamos viviendo en Nuestra Iglesia, momentos decisivos para Nuestra Fe Católica, y momentos de una gran confusión. Confusión que viene de la contradicción a la Misma Sagrada Escritura, al Magisterio mismo de la Iglesia, contenida en el Catecismo, en la Doctrina de la Patrística, en todos los Venerables y Santos Concilios que la Iglesia desde hace siglos ha proclamado con su Autoridad, los Dogmas a creer para todos los cristianos. Condenando los errores y aquellas falsas doctrinas contrarias al Santo Evangelio, y que de un modo especial, se contienen en lo enseñado por el heresiarca Martín Lutero, como enseña San Pio X al decir:


“El Concilio que condenó el protestantismo fue el Sacrosanto Concilio de Trento, denominado así por la ciudad donde se celebró. Herido con esta condenación, el protestantismo, o religión reformada, encierra un amontonamiento, el más monstruoso, de errores privados e individuales, recoge todas las herejías y representa todas las formas de rebelión contra la Santa Iglesia Católica”.

             No es estar en contra de la Autoridad de Pedro, pero Padres en el Señor, ¿es lícito aplaudir a quien ha dividido la Iglesia de la manera más espantosa, que aun en la actualidad no vemos sino secuelas cada vez constantes y palpables de ello? Peor aún, ¿mostrarlo como un “auténtico testigo del Evangelio”? ¿Qué testimonio es aquel que en vez de someterse a la autoridad de Roma se revela? Los auténticos Reformadores de la Iglesia se han presentado a Roma, hablando iluminados por el Espíritu Santo, en las más difíciles circunstancias de la Fe, y de ellos sí que tenemos verdadero ejemplo heroico como verdaderos Testigos del Evangelio. Grandes Santos como lo han sido San Francisco de Asís, que denuncio al Papa la opulencia de la Jerarquía en tiempos difíciles donde los fieles exigían respuestas y se estaba perdiendo la fe, por los malos testimonios, y el Pobre de Asís, no dudo en presentarse ante Pedro en Santa Obediencia para denunciar eso.

Eminentísimo Sr. D. José Francisco Robles,
Cardenal - Arzobispo de Guadalajara
            Tenemos también el ejemplo de San Ignacio de Loyola, que tanto bien hizo a la Iglesia la Fundación de la Compañía de Jesús, para catequizar, para refutar las Herejías de Lutero, para enseñar la Obediencia a Roma, como Madre y Maestra de la Fe. El ejemplo de los Jesuitas, San Francisco de Borja, San Juan de Ávila y muchos grandes teólogos que la Iglesia venera en la Santidad de los Altares y que son verdaderos Maestros de Fe. La Gran Madre Santa Teresa de Jesús, el Sumo Pontífice San Pio V, que con verdadero dolor y Celo Apostólico contrarresto el irreparable mal de la “reforma” luterana, ¿dónde ha quedado para Nuestra Santa Madre Iglesia todo ese trabajo en defender la Fe ante la separación tan dolorosa de la Iglesia?

            Celebrar estos 500 años de la Herejía Luterana es una grave traición a Nuestro Señor Jesucristo, a todo aquello que por Gracia Divina, la Iglesia profesa, la fe que ha sido entregada a los santos de una vez y para siempre, es una traición a todos los Santos Mártires que han derramado su sangre por defender su Fe, antes de ceder ante el error protestante en cualquiera de sus variantes.

            Es cierto, Nuestra Santa Madre Iglesia, debe trabajar y buscar la unidad de todos sus hijos dispersos por el mundo, cumpliendo siempre el mandato de Nuestro Señor en el Evangelio, “Id y haced discípulos míos a todas las naciones” (Mt. 28, 19) y lograr que “todos sean uno” (Jn. 17, 21). Abrazar al pecador, es cierto, mas no el error y el pecado, Jesucristo, el Señor, acogía siempre a los pecadores, les perdonaba, más les exigía “no vuelvas a pecar”, llamaba siempre a la conversión. En el Sermón del Pan de Vida, nunca endulzó ni cambio su Palabra porque era dura y no entendían, y le abandonaban, y no dijo: “Quedaos y crea cada cual lo que su cabeza les diga”, volteo y dijo a sus Apóstoles: “¿ustedes también quieren irse?” (Jn. 6, 67). La fe es para creerse como la Verdad Revelada Divinamente que es. La Iglesia ha de trabajar, en esta pobre opinión, para lograr el retorno de los hermanos que se han alejado, que aun siendo hermanos, son ramas podadas del tronco frondoso de la Iglesia. Y siendo así, también se debe reconocer por parte de ellos el error tan grande de que en estos siglos se han separado y reconocer el camino de regreso, no siendo otro que renunciar al error y abrazar la Verdadera Fe, y la Iglesia abrirles los brazos como Madre que es, pero sin vender ni traicionar su Credo, para no ser “incomoda” con aquellos que se vuelven a sus brazos. Hoy también a nosotros como Iglesia, nos dice el Señor que si queremos dejarle, y ante este conflicto, parece pertinente hablar, siempre en la caridad.

Eminentísimo Sr. D. Juan Sandoval Iñiguez,
Cardenal - Arzobispo Emérito de Guadalajara
            Inmersos en esta situación tan conflictiva para la Iglesia, es que como laicos, preocupados por la Iglesia, nos atrevemos a levantar la voz, y pedir la preservación de la Fe Santa, Ortodoxa y fiel a la Santa Tradición y a la Sagrada Escritura. A ustedes, Padres Cardenales, que les ha sido encomendado Guardar la Fe, guardar la unidad de la Iglesia. Pareciera que el avivamiento de la Fe, está más en manos de los Fieles Laicos que los mismos Pastores, haciendo mención de esto, en la caridad y obediencia, fuera rebeldía a vosotros. Pero también es necesario, y como Hijos de la Iglesia lo pedimos, “¡Dadnos la Fe! Integra y Católica que hemos heredado de nuestros Padres, de Nuestros Abuelos, que hemos heredado de tantos Mártires y que aún hoy en nuestro tiempo, siguen derramando Sangre por Nuestra Fe en los países de Oriente Medio, esa Fe que Nuestros Santos Mártires Mexicanos testimoniaron y defendieron a costa de su vida”.

            Eminentísimos Padres Cardenales, Pastores de la Iglesia en México, es vuestro deber hablar y enseñar lo sano, lo santo y lo verdadero. La investidura que han recibido lo exige, como Pastores de la Iglesia Universal y como Padres del Colegio Cardenalicio. Defiéndanos la Verdad, puesto que en ella está contenida la Salvación de las Almas, y el camino seguro para encontrar a Jesucristo, Nuestro Señor, el Dios vivo y verdadero que se ha encarnado en el Seno de María Santísima, Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida.

Eminentísimo Sr. D. Carlos Aguilar Retes,
Cardenal - Arzobispo de Tlalnepantla
            ¿Qué debemos hacer como fieles católicos? Defender la Naturaleza del Dogma no es establecerse contra la Autoridad de la Iglesia, instituida por Jesucristo a Pedro, cuando le dijo que sobre él, como Piedra firme edificaría a la Iglesia, y bajo la promesa de que los poderes de Satanás no prevalecerían por encima de Ella (Mt. 16, 18 – ss). Creer de otra manera, no es sino un grave engaño del maligno, puesto que también el Señor, por defender la verdad, fue injuriado y crucificado. Hecho Signo de contradicción por el Eterno Padre para ser salvación de muchos, aferrándose  siempre a la verdad, no quedando callado. Y hoy se cumple aquello que Dios, por medio del profeta Isaías anunciaba: “Los guardianes de Mí Templo son ciegos, ignorantes, son perros mudos incapaces de ladrar, soñolientos, amigos de dormir; no saben entender, siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado” (56, 10 – 11), cuando es santidad de la Iglesia la unidad entre los Pastores, como enseña el Venerable Pio XII, siempre “bajo la caridad de Jesucristo”.

            Ya la Iglesia bastante lastimada está, no solo en su Doctrina, que se ha licuado, olvidando que es para Salvación, no para la atracción de las masas, La Iglesia no es quien debe adecuarse al mundo, sino el mundo entrar al Evangelio, buscar y velar por el establecimiento del Reinado Social de Jesucristo, como enseña el Glorioso Papa Pio XI, al proclamar la Solemnidad de Jesucristo Rey en la Carta Encíclica Quas Primas. Gracias a la entrada del protestantismo en la Iglesia, no tenemos sino frutos malos, Templos convertidos en verdaderos teatros y circos, usados completamente para cultos profanos, el Santísimo Sacrificio de la Misa, reducido a un espectáculo mundano, como si se tratara de una diversión, aplausos, bailes mundanos, Abusos Litúrgicos, pisoteando al Señor Real y Verdaderamente Presente en el Altar. El Templo, la Santa Misa, no es un teatro, es la Obra Salvífica de Jesucristo para la Iglesia, para la Humanidad. Y triste es ver y palpar, que los Pastores, vosotros, pareciera que no prestan atención a todo eso, permanecemos callados, Padres nuestros, cuando hay que hablar y corregir.

Eminentísimo Sr. D. Norberto Rivera Carrera,
Cardenal - Arzobispo Primado de México
            No es afán nuestro, crear rebeldía ni fomentarla, es por eso que nos atrevemos a recurrir a ustedes, siempre en obediencia y reverencia como Hijos de la Iglesia, abrazados siempre a Ella, puesto que como nos afirman siempre los Padres Apostólicos: “Fuera de la Iglesia no hay Salvación”.

            Sin más que agregar, pedimos, por el bien de la Iglesia, la respuesta a estas líneas que preocupados nos atrevemos a dirigirles. Pidiendo al Espíritu Santo, por manos de María, Estrella de la Nueva Evangelización, que bajo la Advocación de Guadalupe, ha bendecido nuestro Pueblo con el Don de la Fe en tiempos tan difíciles para nuestra Historia, y que Ella interceda de la misma manera ahora, en estos nuevos momentos difíciles, sociales, morales y espirituales decisivos para nuestra Patria y para Toda la Iglesia Universal. Y de la misma manera, les ilumine a ustedes, para Salvaguardar la Verdadera Fe, como siempre la ha enseñado la Iglesia, con coraje y valentía para cada una de vuestras Iglesias Particulares de que son Padres y Pastores.

            En fidelidad y caridad.


Mauricio Parra Solís
Mexicali, B. C.


Jaime Mauricio Zavala García
Salamanca, Gto.


Raziel Omar Pérez Hernández
Córdoba, Ver.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Aborto: Nuevo Patibúlo de Inocentes



"En Ramá se oyó un lamento:
es Raquel que llora por sus hijos
y no quiere que la consuelen porque ya no están".

Recordamos con nostalgia esta fecha en el seno de la Iglesia, quienes dieron su Vida por Cristo, aun siendo a tan corta edad. Pero no solamente es necesario recordar las tragedias de antaño, sino también fijar la mirada en los homicidios actuales disfrazados bajo careta de derecho y libertad.

El Pecado tan terrible del Aborto que clama al cielo, perpetrado por el nuevo Herodes de un libertinaje en los gobiernos egoístas, por intereses meramente económicos. Perpetrado por grandes multimillonarias máquinas de muerte. Y como cristianos permanecemos callados y tristemente hasta lo apoyamos con careta de libertad y derecho a decidir.

Si entendiéramos la magnitud que abarca en males cada aborto, toda la sangre derramada en el suelo y que clama justicia al cielo. Las puertas tan grandes que le hemos abierto al demonio con cada sacrificio. Pero tal parece que aun viendo los males que han caído desde este pecado nos empeñamos en estar ciegos, aplaudimos y pedimos más.


Nada de Gracioso y divertido tiene esta fiesta como se puede tomar. Sino de luto y memoria de tantos millones de seres humanos que hemos asesinado, no directamente, pero de manera indirecta con nuestro silencio, con la mediocridad de no alzar la voz y permanecer indiferentes. Nadie repara ni llora por el Aborto, apoyamos y callamos, y es estricto el Señor con nosotros, y siendo realidad que todo aquel que apoya el pecado de aborto vive ya fuera de la Iglesia, no solo los doctores, enfermeras, familiares que obligan y practican el aborto, y las madres que se someten a él.


Oremos y reparemos por todos ellos y por nosotros mismo que permanecemos fríos e indiferentes. Elevemos al Corazón de Jesús, una súplica con lágrimas pidiendo que ellas limpien nuestro suelo de esa sangre que cada día clama con más fuerza contra de nosotros.


Mauricio Parra Solís
Esclavo del Inmaculado Corazón de María

Mexicali, B. C., 28 de Diciembre de 2016. Fiesta de los Santos Inocentes

martes, 27 de diciembre de 2016

¿Existe el Infierno?



“Quien niega la existencia del infierno,
niega el Evangelio”.
(San Juan Pablo II)

Negar abiertamente la realidad del Infierno, es atentar contra el Evangelio mismo, así nos lo enseña Juan Pablo II. En días pasados, el Papa Francisco en su meditación en Santa Martha, ha expresado: “Que el infierno no es una cámara de tortura sino solamente el alejamiento de Dios” (Homilía del 25 de Noviembre de 2016). Hemos de pisotear el Dogma de Fe que nos ha establecido el Sagrado Concilio de Florencia que en 1439 afirmo que  “las almas de los que mueren en pecado mortal actual, o solo en el pecado original, descienden rápidamente al infierno”. Y aquellas enseñanzas que los Padre Apostólicos y numerosa cantidad de Santos nos han enseñado.

El Infierno sí, es alejarnos del Amor que Dios nos guarda como hijos suyos, y sin embargo, también la tortura eterna como consecuencia del Pecado. En vida disfrutamos los deleites de la carne alejados de los Mandamientos de Dios, sin arrepentimiento y conversión, la Iglesia como Madre siempre nos ha enseñado desde antaño, que uno de los Novísimos es el Infierno, y que ahí van los pecadores impenitentes que mueren en pecado mortal.

Las Sagradas Escrituras, desde el relato de la Creación, no se nos presenta tal cual la creación del Infierno, puesto que todo lo que ha creado ha sido bueno.  Mas sin embargo, en la libertad que dio no solo al Hombre, sino también a los Ángeles, habría de revelarse uno de ellos, queriendo tomar el lugar del Señor, al grito de “Non Serviam Domine”, “No serviremos a Ningún Señor”, y el Profeta Isaías lo relata: “Como has caído del cielo, oh luz esplendorosa de la mañana, hijo de la aurora. Has sido derribado por Tierra, tu que debilitabas a las Naciones” (Is. 14, 12), Y todo aquel que le ha secundado, ha llevado el mismo estado, levantándose el Príncipe Glorioso San Miguel, le ha desterrado a él y a sus seguidores de la Visión Beatífica, y a causa de esta justa condena, el mismo enemigo del alma ha creado el propio pozo de desolación, de tortura y desesperación que es el Infierno. Dios amando a su hijo rebelde, aun siendo Dios y podido haber librado al mundo de ello, el amor por sus creaturas es más grande como para destruir su Obra. Y amándole aun como hijo rebelde, respeta la libertad de que le ha dotado y permanece alejado de él. Pero el mismo Demonio en su insolente soberbia, empeña su acto en hacer miserable todo aquello que entra en contacto con él.

            Santa Teresa de Ávila, Doctora de la Iglesia nos enseña: “Lo que estoy a punto de decir, sin embargo, me parece que no se pueda ni siquiera describirlo ni entenderlo: sentía en el alma un fuego de tal violencia que no sé cómo poderlo referir; el cuerpo estaba atormentado por intolerables dolores que, incluso habiendo sufrido en esta vida algunos graves […] todo es incomparable con lo que sufrí allí entonces, sobre todo al pensar que estos tormentos no terminarían nunca y no darían tregua”…  “Pero a continuación tuve una visión de cosas espantosas, entre ellas el castigo de algunos vicios. Al verlos, me parecían mucho más terribles […]. Oír hablar del infierno no es nada, como tampoco el hecho de que haya meditado algunas veces sobre los distintos tormentos que procura (aunque pocas veces, pues la vía del temor no está hecha para mi alma) y con las que los demonios torturan a los condenados y sobre otros que he leído en los libros; no es nada, repito, frente a esta pena, es una cosa bien distinta. Es la misma diferencia que hay entre un retrato y la realidad; quemarse en nuestro fuego es bien poca cosa frente al tormento del fuego infernal. Me quedé espantada y lo sigo estando ahora mientras escribo, a pesar de que hayan pasado casi seis años, hasta el punto de sentirme helar de terror aquí mismo, donde estoy” … “Esta visión me procuró también una grandísima pena ante el pensamiento de las muchas almas que se condenan (especialmente las de los luteranos que por el bautismo eran ya miembros de la Iglesia) y un vivo impulso de serles útil, estando, creo, fuera de dudas de que, por liberar a una sola de aquellos tremendos tormentos, estaría dispuesta a afrontar mil muertes de buen grado”.



            Ahora que está muy puesto en práctica la Divina Misericordia, con el Año Santo Extraordinario, y que se nos vende la Misericordia como una mera baratija más, alejada de la caridad de la llamada de atención, ofreciéndola sin hacer ver las condiciones que también la preceden en el arrepentimiento y la conversión, la Vidente y Secretaria del Amor Misericordioso de Jesús, Santa Faustina Kowalska nos deja escrito en su Diario: “Hoy, guiada por un ángel, he estado en los abismos del Infierno. Es un lugar de grandes tormentos en toda su extensión espantosamente grande. Estas son las varias penas que he visto: la primera pena, la que constituye el infierno, es la pérdida de Dios; la segunda, los continuos remordimientos de conciencia; la tercera, la conciencia de que esa suerte no cambiará nunca; la cuarta pena es el fuego que penetra el alma, pero que no la aniquila; es una pena terrible: es un fuego puramente espiritual, encendido por la ira de Dios; la quinta pena es la oscuridad continua, un hedor horrible y sofocante, y aunque está oscuro, los demonios y las almas condenadas se ven entre sí y ven todo el mal propio y de los demás; la sexta pena es la compañía continua de Satanás; la séptima pena es la tremenda desesperación, el odio a Dios, las imprecaciones, las maldiciones, las blasfemias”… “Estas son penas que todos los condenados sufren juntos, pero esto no es el final de los tormentos. Hay tormentos particulares para varias almas que son los tormentos de los sentidos. Cada alma, con lo que ha pecado, es atormentada de forma tremenda e indescriptible. Hay cavernas horribles, vorágines de tormentos, donde cada suplicio es distinto del otro. Haría muerto a la vista de esas horribles torturas si no me hubiese sostenido la omnipotencia de Dios. Que el pecador sepa que con el sentido con el que haya pecado será torturado por toda la eternidad. Escribo esto por orden de Dios, para que ningún alma se justifique diciendo que el infierno no existe, o que nadie ha estado nunca y que nadie sabe cómo es”. (Diario, #741).

            Sor Lucía de Jesús, a quien junto con sus Primos, se les presento Nuestra Señora de Fátima, les muestra el Infierno y todo lo que en él sucede: “[María] Ella abrió de nuevo Sus Manos, como había hecho los dos meses anteriores. Los rayos [de luz] parecía que penetrasen la tierra y nosotros vimos como un vasto mar de fuego y vimos a los demonios y las almas (de los condenados) inmersos en él”…. “Estaban como tizones ardientes transparentes, todos ennegrecidos y quemados, con forma humana, ellos se movían en esta gran conflagración, a veces lanzados al aire por la llamas y absorbidos de nuevo, junto a grandes nubes de humo. Otras veces caían por todas partes como chispas en fuegos enormes, sin peso o equilibrio, entre gritos y lamentos de dolor y desesperación, que nos aterrorizaban y nos hacían temblar de miedo (debe ser esta visión la que me hizo llorar, como dice la gente que me oyó)”…. “Los demonios se distinguían (de las almas de los condenados) por su aspecto aterrador y repelente parecidos a animales horrendos y desconocidos, negros y transparentes como tizones ardientes. Esta visión duró solo un segundo, gracias a nuestra buena Madre Celeste, que en su primera aparición había prometido llevarnos al Paraíso. Sin esta promesa, creo que habríamos muertos de terror y de espanto”.

            La Iglesia no busca infundir en sus Fieles el miedo y el horror a Dios, no le busca infundir la Atricción, que es el horror de ofender a Dios a consecuencia de irse al Infierno, sino la Contrición, que es el amor a Dios y el alejamiento del Pecado por Amor a Dios que tanto nos ama y no quiere que estemos alejados de él. Mas sin embargo, también Jesús hablo del Infierno, toda la Sagrada Escritura habla del Infierno.

            De tal modo que aunque haya personas que digan: “No puedo creer que el infierno exista siendo Dios tan bueno”, no se trata de que creamos o no, Dios es bueno ciertamente, pero también es suma Justicia, y no porque él nos quiera en el infierno, sino porque nuestra soberbia en hacer lo que nuestro guste quiera, aunque sepamos que me llevara a ese lugar, nos importa más la propia satisfacción, que el sacrificarnos un poco para alcanzar la Salvación, nosotros mismos somos los que nos esforzamos por entrar en la puerta ancha que lleva al infierno. Dios es Bueno, pero no el que solapa nuestro pecado, al Paraíso no puede entrar absolutamente nada manchado, de tal modo que solo lo santo entra, lo impuro y que no alcanza ni siquiera a ser purificado, es arrojado fuera, no tiene raíz ni fruto que rescatar, el alma misma se ha encargado de acabar con la raíz y con el fruto.



            Orar y pedir la gracia de Dios para seguir caminando. El enemigo ha de disponer mil y un tentaciones para hacernos caer, caeremos es cierto, somos barro frágil, mas no es perdonable permanecer en el suelo sino levantarse. Es tiempo de preguntarnos, si el enemigo común no me da tentaciones o batallas… ¿será acaso que ya estoy bastante sostenido de su mano, estoy ya haciendo lo que su obra de perdición quiere para mí? ¿Realmente estoy caminando tan bien que el demonio se ha alejado de mí? Hay que estar muy atentos, porque sin darnos cuenta, ya no necesita el demonio ocuparse de nosotros, porque ya estamos caminando como él quiere… Por otra parte, si busco estar en la mayor gracia de Dios posible, ahí habrá guerra, como enseña San Agustín: “¿Estas sirviendo al Señor?... Prepárate para conocer la guerra”… Cuanto más cerca el alma quiera encontrarse con su Señor, más trabajara el maligno para hacerle caer, más se ocupara de ella para arrebatarle la gracia, y es donde realmente hay que dar todo por el todo, para ser capaces de ganarlo todo.

            Oremos insistentemente para que la Gracia de Dios nos fortalezca en esta combate espiritual que todo fiel debemos atravesar para llegar a ser coronados, el cielo o el infierno es una vida eterna… ¿A cuál queremos llegar?


Mauricio Parra Solís
Esclavo del Inmaculado Corazón de María 

miércoles, 20 de enero de 2016

Oración por la Visita del Papa Francisco a Mexico



Madre de Dios y Madre Nuestra:
Santa María de Guadalupe:
estamos alegres y agradecidos
porque viene a visitarnos
el Papa Francisco, Vicario de Tu Hijo.

Viene a poner en tus manos
el Año Jubilar de la Misericordia, 
y a comunicarnos un mensaje
de esperanza y de concordia.

Ruega por él y por nosotros, 
para que nos sepamos abrir
a lo que por su medio
Dios nos quiera transmitir.

Y que al partir nos lleve en su corazón,
y deje sembrados en el nuestro
frutos abundantes de conversión.

Amén


+ Norberto, Card. Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México